Cuando pensamos en Mallorca, lo primero que nos viene a la cabeza son playas paradisíacas, calas de agua turquesa y mucho sol. Pero yo llegué con otra intención. A través de esta ruta por la Mallorca desconocida, te voy a contar mi experiencia con detalle, desde esa primera excursión en el tren de Sóller hasta los lugares menos conocidos que fui descubriendo poco a poco.
En este viaje, quería mirar más allá del tópico de postal y descubrir esa otra Mallorca que a veces pasa desapercibida: la de los pueblos de interior, los paisajes de montaña, las rutas en tren, los mercados locales y las iniciativas sostenibles que apuestan por un turismo diferente.
Fue un viaje especial por muchos motivos. Para empezar, aún no tenía el coche eléctrico, así que me moví en transporte público, a pie, en tren, tranvía y hasta en barco. Eso me obligó a bajar el ritmo, a organizarme distinto y, sobre todo, a observar más. Viajando sola, conecté con la isla de una forma más íntima y pausada.
Mallorca me sorprendió. Tiene paisajes que impresionan por su autenticidad, pueblos con personalidad propia, historias que merecen ser contadas y proyectos locales que están haciendo las cosas bien.
Porque sí, Mallorca es mucho más que sol y playa… y te lo voy a demostrar.
Ruta por la Mallorca desconocida
De Palma a Sa Calobra: mi excursión en tren, tranvía y barco por la Mallorca más auténtica

Aunque comencé mi viaje con una de las excursiones más típicas de Mallorca, era un imprescindible, es una de las experiencias más bonitas que puedes vivir en la isla.
Hice una excursión combinando tren, tranvía y barco hasta llegar a uno de los lugares más espectaculares de la isla: Sa Calobra. Un día completo de paisajes, mar, montaña y ese gustazo de viajar sin prisas.
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Si te animas a hacer esta excursión lo mejor es reservar tus entradas para el Tren de Sóller + tranvía+ barco con antelación, recorrerás la parte occidental de Mallorca en un tren centenario y daréis un paseo en barco hasta Sa Calobra, una cala a los pies de la Sierra de Tramontana.

Empecé la aventura en Plaza España, subiendo al encantador tren de madera que conecta Palma con Sóller desde 1912.
Nada más sentarme, ya estaba sonriendo. Es de esos trayectos que parecen sacados de otra época: atravesé túneles, viaductos, montañas… y todo con ese traqueteo rítmico que te mece y te invita a mirar por la ventana sin hacer nada más.
Una hora después, ya estaba en Sóller, un pueblo que parece detenido en el tiempo. Di un pequeño paseo por la plaza, con sus terrazas llenas de vida y ese aroma a naranjos que lo impregna todo.
Desde el mismo pueblo, cogí el famoso tranvía de Sóller. Va despacito, cruzando calles, huertos y paisajes de postal hasta llegar al puerto. A mí me encantó ver cómo la gente saludaba al paso del tranvía, como si fuera una tradición diaria.
Nada más bajarme, respiré hondo. Ese aire salado, el sonido de las olas y el sol acariciando la piel… me quedé un rato en el paseo marítimo simplemente mirando el mar.
Ya en otra ocasión había disfrutado de esta excursión con el Tren de Sóller, pero esta vez quería disfrutar de la experiencia completa con la excursión: “la vuelta a la isla”
Después de pasear por el animado Puerto de Sóller subí a un barco que recorre la espectacular costa de la Sierra de Tramontana.
Durante una hora, me dejé llevar entre acantilados, calitas escondidas y ese mar azul profundo que parece infinito. Sin hablar con nadie, pero sintiéndome completamente acompañada por el paisaje. El punto final de este paseo en barco es la cala de Sa Calobra.

Este rincón de la isla es un lugar único, donde el Torrent de Pareis desemboca en el mar, formando una especie de garganta entre montañas.
Me senté a comer en uno de los restaurantes con vistas, una típica paella y algo de pescado frito, un almuerzo sencillo pero con sabor a regalo.
Me quedé con las ganas de darme un baño en su playa, pero no perdí la ocasión de mojar mis pies en la orilla.
Volver por mar, con el estómago lleno y el corazón contento, fue como flotar en calma. Me senté en cubierta, cerré los ojos un rato y me dejé llevar.

De nuevo vuelta a Sóller en el tranvía donde no pude resistirme a un helado artesanal de limón y naranja, algo que no te puedes perder.
A esa hora, la luz empieza a dorarse y todo parece más bonito. Los huertos de naranjos, los pastos con ovejas y las bonitas casas de piedra con contraventanas pintadas de verde. Este viaje te conecta con la esencia de la isla. Volver a Palma en tren fue la forma perfecta de terminar este día.
Alojamiento en el Hotel Valparaíso, Palma
Durante mi paso por Palma me alojé dos noches en el Hotel GPRO Valparaíso Palace & Spa, un hotel de cinco estrellas ubicado en una colina con unas vistas espectaculares sobre la bahía. Desde que entras, el ambiente es de elegancia y calma. Las habitaciones son amplias, luminosas y muy cómodas.
En esta ocasión no tuve tiempo de disfrutar del Spa, quizás la próxima vez.
Uno de los detalles que más valoro, sobre todo viajando en coche eléctrico, es que todos los hoteles donde me he alojado en esta ruta disponen de punto de recarga, lo que me ha permitido despreocuparme totalmente del tema y centrarme en disfrutar del viaje. El Valparaíso no fue una excepción: pude cargar el coche cómodamente por la noche mientras descansaba, lo cual es un auténtico plus para quienes apostamos por una movilidad más sostenible.
Además, la ubicación del hotel es ideal para explorar Palma sin renunciar a la tranquilidad, y el desayuno frente al mar… ¡es un lujo que cuesta olvidar!

Al día siguiente de mi llegada a Palma me dirigí a recoger el coche eléctrico gracias a la colaboración de Peugeot y el concesionario oficial en Mallorca Isleña de Motores, que me cedieron un precioso Peugeot e-2008 100% eléctrico para esta ruta. Cómodo, silencioso y perfecto para recorrer la isla sin dejar huella.

Una vez que ya recogí mi coche, en esta ruta por la Mallorca más auténtica decidí salirme del circuito típico de playas y calas para descubrir otra cara de la isla: la que protege, educa y apuesta por un turismo más consciente. Y es que, además de paisajes de postal, Mallorca esconde rincones donde la sostenibilidad no es solo un concepto, sino una realidad palpable. Te cuento algunas de las paradas que me conquistaron por su valor natural, su compromiso con el entorno y por mostrar cómo nuestras visitas pueden marcar la diferencia. Te lo cuento en mi artículo: Mallorca sostenible gracias al Impuesto turístico sostenible
Después de visitar la costa, tocaba adentrarme en el corazón de la Sierra de Tramuntana, Patrimonio Mundial por la UNESCO. Esta zona de la isla es ideal para una ruta cultural pausada, llena de historia, paisajes y rincones con alma.

La Sierra de Tramuntana no solo es el pulmón verde de Mallorca, sino también un auténtico tesoro cultural. Más allá de sus espectaculares paisajes montañosos, esta ruta nos lleva por jardines históricos, pueblos con encanto y espacios donde el arte y la tradición conviven en perfecta armonía. Te cuento los lugares que visité en esta ocasión en mi artículo: Ruta cultural por la Sierra de Tramuntana: jardines, historia y arte entre montañas
Al día siguiente en esta ruta por la Mallorca más desconocida, me alejé de los lugares más turísticos para descubrir una cara mucho más tranquila y auténtica de la isla. Visité S’Hort de Sa Vall, un remanso de paz entre campos de cultivo; paseé por Porto Cristo, con su puerto natural y su ambiente local; y terminé la jornada en Portocolom, uno de los pueblos marineros con más encanto del sureste mallorquín. Naturaleza, tradición y sostenibilidad en un día perfecto para explorar Mallorca a otro ritmo.
S’ Hort de Sa Vall: un encuentro con la naturaleza y los sabores auténticos

Uno de los días más especiales de la ruta me llevó hasta S’ Hort de Sa Vall, una finca en Manacor que es todo un ejemplo de agricultura local y sostenible. La visita, guiada por Magdalena, fue una inmersión total en la producción agrícola ecológica de la isla. Pasear por los huertos, rodeados de frutales y plantas autóctonas, fue como conectar directamente con la esencia de Mallorca.
Lo mejor de todo fue la degustación de productos de kilómetro 0: mermeladas caseras, aceites de oliva y pan recién hecho. Todo tan fresco y natural que me sentí como en casa, disfrutando de un pedazo de la isla que, muchas veces, no se ve a simple vista. Fue un recordatorio de lo importante que es apoyar a los productores locales y consumir productos que respeten la tierra.
Dos puertos con alma: Porto Cristo y Portocolom

En mi ruta por la costa este de Mallorca, hubo dos lugares que me conquistaron por su autenticidad y su ambiente marinero: Porto Cristo y Portocolom. Cada uno con su estilo, pero todos con ese encanto mediterráneo que tanto atrapa.
Porto Cristo fue mi base durante unas horas. Allí aproveché para hacer una parada técnica y cargar el coche eléctrico en uno de los puntos de recarga disponibles, lo cual fue comodísimo. Mientras el coche se recargaba, yo me dediqué a pasear por el puerto, que conserva ese aire de pueblo pesquero con barquitas tradicionales, terracitas frente al mar y un ritmo tranquilo que invita a relajarse.
Las Cuevas del Drach

Una de las atracciones turísticas más visitadas de Mallorca son las famosas Cuevas del Drach, una experiencia mágica que a la que no me pude resistir. Te cuento mi experiencia sobre mi Visita a las Cuevas del Drach.
Después de visitar las impresionantes Cuevas del Drach, pasé la tarde paseando por uno de los puertos más bonitos de Malllorca; Puertocolom
Un poco más al sur, Portocolom me sorprendió por su colorido paseo marítimo y su faro, que es todo un icono. Es un puerto natural precioso, considerado uno de los mejores conservados de Mallorca. Aquí la vida fluye a otro ritmo, ideal para sentarte frente al mar, tomar algo y ver pasar los barcos mientras cae la tarde.
Estos dos puertos fueron pequeñas joyas en mi ruta, paradas imprescindibles que demuestran que Mallorca es mucho más que playas y calas famosas. Aquí, en los pueblos marineros, se respira la esencia auténtica de la isla.
Alojamiento en el Hotel Aumallia: descanso y bienestar
El día terminó con una estancia en el Hotel Spa Aumallia en Felanitx, un oasis de tranquilidad. El hotel está rodeado de naturaleza y tiene un ambiente relajante, ideal para desconectar tras un día de excursión.
El spa del hotel me permitió relajarme, y la cena, llena de ingredientes frescos de la isla, fue la guinda perfecta para un día tan completo.
Este día fue una verdadera conexión con lo mejor de la naturaleza y la cultura local. Desde los productos frescos de la finca hasta las maravillas subterráneas de las
cuevas, pasando por las tranquilas aguas de Porto Cristo y el merecido descanso en Aumallia. Mallorca tiene una forma única de sorprenderte en cada rincón.

Sabores de Mallorca: una ruta gastronómica para recordar
Uno de los grandes placeres de viajar por Mallorca es, sin duda, su gastronomía.
En cada rincón de la isla me encontré con sabores auténticos, productos locales y propuestas muy cuidadas que van mucho más allá del típico plato de playa.
Restaurante Sa Calobra
Uno de los momentos más especiales fue comer una paella junto al mar en el Restaurante Sa Calobra después de llegar en barco hasta la cala. El lugar, con vistas al Mediterráneo y ese ambiente relajado, fue perfecto para saborear una paella recién hecha, con ingredientes de calidad y ese toque mallorquín que la hace distinta. Un gustazo total.
En Palma, las cenas fueron en el Hotel Valparaíso.
Hotel Valparaíso
Cocina mediterránea elegante, producto local tratado con mimo y un servicio impecable. Poder cenar mientras ves cómo cae el sol sobre la bahía es uno de esos pequeños lujos que se te quedan grabados.
Fontsanta Hotel Thermal Spa & Wellness

El exclusivo Fontsanta Hotel Thermal Spa & Wellness, es el lugar ideal para terminar un día con una cena degustación que se convierte en una experiencia única. En un ambiente elegante y rodeado por la tranquilidad de la naturaleza mallorquina, cada plato sorprende con una cuidada presentación y sabores que combinan tradición local y creatividad contemporánea.
Cenar en el Hotel Aumallia en Felanitx

Cenar en el Hotel Aumallia es disfrutar de la esencia de Mallorca en un entorno rural y tranquilo. Platos elaborados con producto local, sabores auténticos y un ambiente íntimo, rodeado de naturaleza. Ideal para terminar el día bajo las estrellas, saboreando la isla sin prisas.
Restaurante Es Taller

En Valldemossa, descubrí el Restaurante Es Taller, una propuesta moderna y sorprendente que rompe con lo tradicional, pero sin perder de vista la raíz. Su cocina creativa se basa en productos de proximidad y el ambiente es muy acogedor. Fue uno de los almuerzos más originales de toda la ruta.
Hotel Bordoy Continental Valldemossa

Esa misma noche, me alojé en el Hotel Bordoy Continental Valldemossa, donde disfruté de una cena deliciosa, con una carta que combina lo clásico y lo contemporáneo, siempre con ese sabor mallorquín de fondo. El entorno, rodeado de naturaleza, ponía la guinda perfecta al día.
5illes BEACH & SUNSET

Y para cerrar con broche de oro, el almuerzo en 5illes BEACH & SUNSET, frente al mar, fue simplemente espectacular. Este restaurante de playa cuida tanto la presentación como el producto, y ofrece una experiencia muy cuidada, sin perder la esencia relajada del entorno. Ideal para disfrutar sin prisas y dejar que el tiempo se
detenga.
Mallorca no solo se descubre con la vista, también con el paladar. Y esta ruta fue el mejor ejemplo de que la isla sabe a mar, a montaña, a tradición y a innovación, todo en perfecta armonía.
Mapa con puntos de recarga de coches eléctricos
Este artículo forma parte de la Ruta en coche eléctrico por Mallorca, un proyecto realizado junto a la Agencia de Estrategia Turística de las Islas Baleares

Gracias a Peugeot y al Concesionario oficial de Peugeot en Palma, Isleña de motores por la cesión del vehículo. En esta ocasión un Peugeot e-2008 100 % eléctrico con casi 400 kilómetros de autonomía reales.