La ruta de las mujeres de Jaén comienza viajando muy atrás en el tiempo, a un momento en el que el mapa del territorio aún se estaba escribiendo. Desde la poderosa ciudad íbera de Cástulo, enclave clave del sur peninsular, hasta la actual Baeza, el territorio ya estaba atravesado por alianzas, caminos y relatos donde las mujeres también tuvieron un papel fundamental. En ese contexto aparece la figura de Himilce, princesa íbera vinculada a Cástulo y convertida con el paso del tiempo en símbolo de poder, diplomacia y memoria femenina.
Esta ruta propone precisamente eso: seguir el hilo que conecta lugares, historia y simbolismo para rescatar a las mujeres que habitaron —y dieron sentido— al Jaén más antiguo, mucho antes de Roma y mucho antes de que sus nombres quedaran en segundo plano.
Una ruta para mirar la historia con otros ojos
Mujeres y poder en el Yacimiento arqueológico de Cástulo, a las afueras de Linares

El yacimiento arqueológico de Cástulo se extiende en una suave meseta junto al río Guadalimar, rodeado de campos abiertos y con una sensación de amplitud que ayuda a entender por qué fue un enclave clave durante siglos.
Caminar hoy por Cástulo es hacerlo entre restos de murallas, termas, edificios públicos y viviendas que dibujan la estructura de una gran ciudad íbera y romana, una de las más importantes del sur peninsular. La visita permite recorrer espacios urbanos, zonas domésticas y áreas rituales, siempre con el paisaje de Jaén como telón de fondo, recordándonos que este territorio fue mucho más que un lugar de paso.

Visitar Cástulo es uno de esos planes que te desmontan la idea de que la historia siempre la escribieron los mismos. Aquí, a pocos minutos de Linares, no solo caminas entre restos íberos y romanos: también te asomas a un mundo donde la figura femenina tuvo peso, presencia y simbolismo.
Cástulo fue una ciudad estratégica, rica y poderosa durante siglos. Íbera primero, romana después, supo adaptarse y crecer. Y en ese relato, las mujeres no están en segundo plano. Lo notas en los rituales, en los espacios domésticos y, sobre todo, en la iconografía. El mejor ejemplo es la conocida Dama de Cástulo, un espectacular mosaico romano que rompe esquemas: una figura femenina serena, fuerte, casi magnética, que muchos interpretan como una diosa, una alegoría de la naturaleza o incluso un símbolo del poder femenino dentro del hogar y la sociedad.
Mientras paseas por el yacimiento, entre termas, edificios públicos y viviendas, es fácil imaginar a esas mujeres gestionando la vida cotidiana, participando en cultos religiosos o ejerciendo influencia desde lo doméstico, que en el mundo antiguo era mucho más político de lo que solemos pensar. No eran figuras invisibles: eran transmisoras de cultura, linaje y valores.
Lo que más me gusta de Cástulo es precisamente eso: que no te habla solo de guerras y conquistas, sino de vidas. De cómo se organizaba una ciudad, de quién la sostenía día a día y de cómo las mujeres formaban parte activa de ese engranaje social, económico y simbólico.

Cápsula responsable
Recorrer yacimientos como Cástulo con calma, leyendo el paisaje y el contexto, es una forma preciosa de hacer turismo cultural consciente. Menos prisas, más preguntas… y más espacio para historias que durante siglos quedaron en silencio.
Himilce es una figura histórica y literaria, no un hallazgo material. La tradición la sitúa como princesa íbera de Cástulo, esposa de Aníbal Barca, y esa vinculación con el territorio está muy arraigada, pero no existe ninguna escultura, inscripción, tumba o representación identificada arqueológicamente como “Himilce” en el yacimiento.
Lo que sí es cierto —y aquí está la clave— es que Cástulo fue una ciudad íbera de enorme importancia en época prerromana, y que las fuentes clásicas (sobre todo romanas) mencionan a Himilce como natural de esta zona o vinculada a ella. Es decir, la relación es histórica y contextual, no arqueológica.
Baeza: tras las huellas de Himilce, la mujer que une dos mundos

Mi siguiente parada en este viaje por la historia de las mujeres de Jaén es la ciudad de Baeza.
La ciudad de Baeza, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, ofrece uno de los escenarios más simbólicos de esta ruta. Su Plaza de Santa María concentra algunos de los hitos monumentales más importantes del Renacimiento andaluz y funciona como un espacio cargado de memoria histórica.
En el centro de la plaza, la Fuente de los Leones actúa como punto de encuentro entre pasado, simbolismo y tradición popular, integrando el agua, la escultura y el espacio urbano en un conjunto que invita a detenerse y mirar con calma.
Ahora bien, cuando nos movemos del terreno estrictamente arqueológico al simbólico y artístico, aparece una conexión muy sugerente. En la Fuente de los Leones, situada en la Plaza de Santa María de Baeza, hay una figura femenina sedente que desde hace tiempo la tradición popular y algunos relatos locales han querido identificar con Himilce.

No hay pruebas documentales que confirmen que esta escultura represente realmente a la princesa íbera, pero su presencia no es casual: una mujer en posición central, asociada al agua, a la fertilidad y al poder, encaja perfectamente con la imagen simbólica que se ha construido de Himilce a lo largo de los siglos. Más que un retrato, podría entenderse como una evocación, una forma de materializar en piedra a una mujer que forma parte del imaginario histórico del territorio.
Así, mientras en Cástulo Himilce está presente como contexto histórico, en la Fuente de los Leones aparece como memoria simbólica. No es ella —al menos no con certeza—, pero podría representarla en ese deseo colectivo de dar rostro y cuerpo a una mujer que fue clave en las alianzas políticas del mundo íbero.
Y a mí, sinceramente, esta conexión me encanta: porque habla de cómo las mujeres, incluso cuando no dejan huella material directa, siguen reapareciendo en los relatos, en el arte y en la forma en la que un territorio se cuenta a sí mismo.
El Museo Íbero de Jaén

El Museo Íbero de Jaén se sitúa en un edificio contemporáneo que contrasta con la antigüedad de las piezas que alberga. Es el único museo del mundo dedicado en exclusiva a la cultura íbera y se ha convertido en un referente para comprender este periodo histórico en Andalucía. Sus salas amplias y bien contextualizadas permiten recorrer el mundo íbero desde lo cotidiano hasta lo simbólico, ofreciendo una lectura clara del territorio, de sus creencias y de las personas que lo habitaron.
En Jaén hay un lugar clave para entender todo lo que venimos contando en esta ruta: el Museo Íbero. Y no exagero si digo que es una parada imprescindible para poner contexto, cuerpo y mirada a las mujeres del mundo íbero.
Este museo no habla solo de piezas bonitas o de arqueología en frío. Aquí se explica cómo vivían, creían y se organizaban las sociedades íberas, y en ese relato la figura femenina tiene un papel mucho más visible de lo que solemos imaginar. Las mujeres aparecen representadas en esculturas, relieves y exvotos vinculados a la religión, la fertilidad, el cuidado de la vida y la transmisión simbólica, pero también al estatus y al poder.

Una de las ideas que mejor se entiende al recorrer sus salas es que la mujer íbera no era un personaje pasivo. Muchas de las representaciones femeninas están asociadas a divinidades, rituales y espacios sagrados, lo que nos habla de su papel central en la espiritualidad y en la cohesión social. No son figuras secundarias: son imágenes frontales, solemnes, cargadas de significado.
Además, el museo ayuda a desmontar tópicos. Frente a la imagen clásica de la mujer antigua relegada al ámbito doméstico, aquí se percibe algo distinto: mujeres con identidad propia, con presencia pública a través del culto, del linaje y de los símbolos. No siempre sabemos sus nombres —ahí está el gran vacío histórico—, pero sí entendemos su importancia dentro de la comunidad.

Para mí, el Museo Íbero funciona casi como una antesala imprescindible para toda la Ruta de las mujeres de Jaén. Antes incluso de visitar Cástulo, este espacio te da las claves necesarias para entender el territorio, sus símbolos y el papel que tuvieron las mujeres en el mundo íbero. Después, cuando caminas por el yacimiento o te acercas a figuras como Himilce, la mirada ya es otra: más consciente, más completa y mucho más atenta a lo que durante siglos quedó fuera del relato principal.

Visitar museos como el Íbero con tiempo y curiosidad es una forma de turismo cultural consciente: no se trata solo de ver piezas, sino de cuestionar los relatos heredados y abrir espacio a nuevas miradas, también desde el género.
Jaén la capital: dos mujeres, dos formas de cambiar la historia
Teresa de Torres y Josefa Segovia, poder y educación en femenino

La capital de Jaén también se puede recorrer desde las historias que no siempre aparecen en los libros ni en las placas de las calles. Esta ruta urbana propone caminar la ciudad siguiendo el rastro de dos mujeres separadas por siglos, pero unidas por algo esencial: su capacidad para transformar la realidad desde espacios no pensados para ellas.
Por un lado, Teresa de Torres y Portugal (1442–1521), condesa de Jaén y gobernante en la sombra en plena Edad Media. Por otro, Josefa Segovia (1891–1957), pionera de la educación y del papel público de las mujeres en el siglo XX. Dos maneras distintas de ejercer poder. Ambas profundamente transformadoras.
Teresa de Torres y Portugal: gobernar sin título
La ruta comienza en lo alto, en el Castillo de Santa Catalina, el gran símbolo del poder sobre la ciudad.
El Castillo de Santa Catalina

Aquí es fácil situar a Teresa de Torres, esposa del condestable Miguel Lucas de Iranzo, uno de los hombres más influyentes del siglo XV.
Descendiendo hacia el casco antiguo, las murallas, calles y plazas nos hablan de la Jaén medieval, una ciudad compleja donde gobernar significaba negociar, sostener equilibrios y resistir. Teresa encarna ese poder silencioso que no siempre deja huella material, pero sí histórica.
El entorno de la Catedral refuerza esta idea: la fe y las instituciones también eran herramientas de legitimación. Teresa no fue una figura decorativa, sino una estratega en un mundo que no esperaba que una mujer gobernara.
Josefa Segovia: educar para transformar
Siglos después, la ruta continúa en la misma ciudad, pero en otro contexto. Josefa Segovia nació en Jaén en 1891, en una sociedad donde la educación femenina seguía siendo limitada. Su historia no se asocia a castillos ni palacios, sino a calles, aulas y espacios cotidianos.
Caminar por el casco histórico permite situar su infancia y formación en una ciudad que empezaba a cambiar. Josefa entendió pronto que la educación era la clave para la justicia social y que las mujeres debían ocupar un lugar activo en la vida intelectual y profesional.
Su relación con Pedro Poveda marcaría su trayectoria. Junto a él, y más tarde como primera mujer al frente de la Institución Teresiana, impulsó un modelo educativo profundamente innovador, laico y comprometido con la sociedad.
El entorno de la Catedral sirve aquí como contraste: Josefa vivió su fe desde la acción, no desde el encierro. Creer era educar, acompañar y transformar el mundo.
Dos mujeres, una misma ciudad

Teresa de Torres gobernó Jaén cuando hacerlo siendo mujer era impensable. Josefa Segovia educó para que otras mujeres pudieran pensar, decidir y estar presentes en la vida pública.
Una ejerció poder político; la otra, poder educativo. Ninguna tiene una gran estatua en la ciudad.
Caminar esta ruta es una forma de rescatar el patrimonio invisible, de mirar Jaén con otros ojos y de entender que la historia también se construye desde el silencio, la constancia y la resistencia cotidiana.
Viajar con perspectiva de género no es añadir nombres: es cambiar el relato. Y Jaén, caminada despacio, tiene mucho que contar.
De Úbeda al Nuevo Mundo: las andaluzas que cruzaron el océano

La historia de la conquista y colonización de América se ha contado casi siempre en masculino. Nombres de exploradores, conquistadores y gobernadores llenan los libros. Sin embargo, también hubo mujeres que cruzaron el océano, que ejercieron poder y que tomaron decisiones en un mundo que no estaba pensado para ellas. Algunas de esas historias comienzan en Andalucía y, en concreto, en Úbeda.
Este paseo por la ciudad propone mirar el Renacimiento ubetense —y su herencia posterior— desde otro lugar: el de las mujeres que no se quedaron, las que gestionaron poder, pensamiento y educación, las que llevaron su influencia más allá de las murallas… y, en algunos casos, más allá del Atlántico.
Úbeda, ciudad de linajes y decisiones
La Plaza Vázquez de Molina es el mejor punto de partida para entender esta historia. Aquí se concentraba el poder político, religioso y simbólico de la Úbeda del siglo XVI. Palacios, iglesias y casas nobiliarias hablaban de linajes con influencia directa en la corte y en la expansión del Imperio.
La Sacra Capilla del Salvador, vinculada a grandes familias de la época, y el Palacio de las Cadenas (actual Ayuntamiento) nos sitúan en un contexto donde las alianzas familiares eran una forma de poder y donde las mujeres desempeñaban un papel estratégico, aunque rara vez visible. Desde estos espacios se toman decisiones que afectan no solo a la ciudad, sino a territorios lejanos.
María Sarmiento de Mendoza y Castro: una noble enterrada en Úbeda

Nacida en el seno de una familia poderosa —hija de Juan Hurtado de Mendoza, adelantado mayor de Galicia, y María de Sarmiento, III condesa de Ribadavia— María contrajo matrimonio en 1522 con Francisco de los Cobos y Molina, secretario de Carlos V y uno de los hombres más influyentes de la monarquía hispánica.
Aunque pasó gran parte de su vida en su palacio de Valladolid tras enviudar en 1547, María quiso que su memoria quedara vinculada a Úbeda, la ciudad de origen de su esposo y epicentro de la impresionante arquitectura renacentista que él patrocinó.
En 1563, anticipándose a un empeoramiento de su salud, redactó su testamento donde dispuso que su cuerpo fuera llevado a Úbeda y sepultado en la Iglesia de San Salvador, junto a los restos de Francisco.
Esa iglesia es hoy conocida como la Sacra Capilla del Salvador, una obra maestra del Renacimiento español —mandada construir por Francisco de los Cobos y continuada por María— que se levanta a espaldas de la Plaza Vázquez de Molina.
Beatriz de la Cueva: de Úbeda a gobernadora de Guatemala

Entre las mujeres que dieron un paso más allá destaca con fuerza Beatriz de la Cueva, nacida en Úbeda en el seno de una familia noble. Su vida representa como pocas el salto de Andalucía al Nuevo Mundo y el acceso femenino al poder político en un contexto extremadamente hostil.
Beatriz fue esposa de Pedro de Alvarado, uno de los principales conquistadores de Centroamérica. Tras la muerte de este en 1541, Beatriz fue nombrada gobernadora de Guatemala, convirtiéndose en la primera mujer en ejercer este cargo en América. Su nombramiento no fue simbólico: asumió el gobierno en un momento de gran tensión política y social.
Sin embargo, su mandato fue breve. Apenas unos días después, una riada devastadora arrasó la ciudad de Santiago de Guatemala, provocando su muerte. La historia la recordaría con el sobrenombre de La Sin Ventura, un apodo que dice más del relato construido que de su capacidad real de gobierno.

Este punto de la ruta permite reflexionar sobre algo clave: cuando una mujer ocupa el poder, la historia tiende a explicarla desde la tragedia, no desde la legitimidad.
Las andaluzas en la conquista: una presencia incómoda.
Beatriz de la Cueva no fue un caso aislado. Otras mujeres andaluzas cruzaron el océano acompañando expediciones, gestionando encomiendas, administrando bienes y participando en la vida política y social de los nuevos territorios.
Desde Úbeda y otras ciudades del sur, estas mujeres llevaron consigo modelos culturales, redes familiares y formas de poder. Su presencia cuestiona la imagen de una conquista exclusivamente masculina y abre la puerta a una lectura más compleja del proceso colonial, donde las mujeres también fueron sujetos históricos activos.
De lo nobiliario a lo intelectual: Úbeda en el siglo XX
María de Molina Morena: caminar entre Úbeda, Versalles y la memoria
Caminar por la calle María de Molina, en pleno casco histórico de Úbeda, es hacerlo con la sensación de que algunas vidas fueron mucho más grandes que las calles que hoy las recuerdan. Esta vía discreta guarda el nombre de María de Molina Morena, una mujer nacida en una familia modesta que acabó moviéndose en dos de las cortes más poderosas de Europa: la de Felipe IV y la de Luis XIV de Francia.
Su historia empieza aquí, en Úbeda, donde fue bautizada en la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares, la antigua iglesia mayor de la ciudad, situada en la actual Plaza Vázquez de Molina. Un templo que ha sido, durante siglos, el corazón religioso y simbólico de Úbeda. Desde este punto, nadie habría imaginado hasta dónde llegaría su vida.

Siendo aún joven, María fue llevada a la Corte por los marqueses de Camarasa, descendientes de la poderosa familia Cobos. Allí fue nombrada camarera de la infanta María Teresa, hija de Felipe IV. Ese cargo la situó en una posición privilegiada, muy poco común para una mujer de su origen. Y cuando la infanta marchó a Francia para casarse con Luis XIV, el Rey Sol, María de Molina la acompañó hasta Versalles.
En la corte francesa, su voz marcó la diferencia. Las crónicas cuentan que encandiló a la corte con su canto, hasta el punto de que el propio rey le ofreció elegir una recompensa. Y aquí aparece uno de los gestos más simbólicos de toda esta historia: María no pidió riquezas para sí. Pensó en su ciudad.
Pidió una custodia procedente del oratorio real francés, una pieza extraordinaria adornada con 985 diamantes, 165 rubíes, un jacinto y cinco zafiros, y la envió a Úbeda para donarla a la iglesia donde había sido bautizada. Sabía que la Colegial de Santa María carecía de custodia y quiso cubrir esa ausencia con un regalo que conectaba Úbeda con Versalles.
Ese gesto convierte a María de Molina en algo más que una dama de corte: la convierte en puente entre dos mundos, entre una ciudad andaluza y la corte más fastuosa de Europa.
La custodia original se convirtió en uno de los grandes tesoros de la ciudad y fue durante siglos el centro de la celebración del Corpus Christi. Lamentablemente, la pieza original fue destruida durante la Guerra Civil. Hoy, la que se procesiona es una réplica realizada en 1963, mucho más sobria, de la que solo se conservan dos rayos de sol del original. Aun así, el significado permanece. Cada vez que Úbeda engalana sus calles para el Corpus, esta historia vuelve a caminar con la ciudad.
María de Molina también mostró su generosidad con el Convento de la Concepción, de las Carmelitas Descalzas, al que donó 12.000 pesos, telas riquísimas y un cofrecito de carey destinado a guardar el Santísimo Sacramento el Jueves Santo. Algunas fuentes incluso le atribuyen la fundación del convento, lo que refuerza su papel como benefactora y figura clave en la vida religiosa de la ciudad.

María de Molina Morena no fue educadora en el sentido moderno de la palabra, pero su vida entra de lleno en el campo de la cultura, la formación personal y el mecenazgo de espacios comunitarios. Su canto en la corte, su cercanía con figuras cultas y su compromiso con instituciones religiosas que históricamente actuaban como centros de instrucción y socialización reflejan un vínculo con la transmisión de saber y práctica social.
En el siglo XVII, cuando el acceso de las mujeres a la educación formal era extremadamente limitado, su posición y sus gestos muestran cómo las mujeres podían influir en la circulación de ideas, símbolos y valores culturales, incluso desde esferas no académicas.
Caminar hoy por Úbeda sabiendo todo esto cambia la mirada. Ya no es solo una ciudad monumental, sino un lugar desde el que una mujer sin linaje poderoso logró dejar una huella duradera, usando la música, la cercanía al poder y la memoria como herramientas.
María de Molina Morena no gobernó territorios ni escribió tratados, pero supo estar donde se tomaban decisiones y devolver ese privilegio a su ciudad. Y eso también es una forma de poder.
Regina de Lamo: Úbeda como origen de una voz incómoda

Regina nació aquí en 1870, en una ciudad monumental, cargada de historia y de peso simbólico, pero también marcada por una estructura social rígida. Y quizá por eso su pensamiento fue, desde muy pronto, radicalmente libre.
La Plaza Vázquez de Molina es un buen punto para introducir su figura. Este espacio, epicentro del poder renacentista, permite contrastar dos tiempos: el de los grandes linajes y el de una mujer que, siglos después, cuestionaría el orden establecido desde la palabra, la educación y el activismo. Regina pertenece a otra forma de patrimonio: el intelectual.
El recorrido continúa por el casco histórico, en un paseo sin placa ni monumento específico, pero lleno de sentido. Caminar por estas calles sirve para situar su infancia en una ciudad donde la educación femenina no era prioritaria, y entender por qué su trayectoria posterior —como pianista, periodista, escritora y pensadora— fue tan excepcional. Regina obtuvo premios musicales de primer nivel y se movió en círculos culturales avanzados, pero nunca se limitó al arte: pensó la sociedad.
La Calle Real, eje urbano tradicional de Úbeda, funciona como escenario simbólico para hablar de su defensa del pensamiento crítico y del espacio público como lugar de debate. Regina de Lamo escribió sobre feminismo, cooperativismo, derechos reproductivos y autonomía de las mujeres en un contexto profundamente hostil. Fue una voz incómoda, adelantada a su tiempo, y por eso también una figura silenciada durante décadas.
El paseo puede detenerse en plazas e iglesias del entorno histórico para introducir el contraste entre el orden moral dominante y las ideas que Regina defendió: educación laica, igualdad, emancipación femenina. Aquí el patrimonio no es el edificio, sino la tensión entre tradición y cambio.
El tramo final en espacios abiertos como la Plaza de Carvajal permite cerrar su relato mirando al presente. Regina conecta la Úbeda monumental con los movimientos feministas y culturales del siglo XX. Desde esta ciudad patrimonial, su pensamiento viajó mucho más lejos que sus propios pasos.
Regina de Lamo nos recuerda que no todas las mujeres influyentes gobernaron territorios o linajes. Algunas gobernaron ideas. Y eso también transforma el mundo.
Úbeda, leída en femenino
Caminar hoy por el centro histórico de Úbeda es hacerlo sabiendo que estas calles no solo vieron nacer palacios y grandes nombres masculinos del Renacimiento, sino también mujeres que pensaron el mundo a otra escala. Mujeres que tomaron decisiones que las llevaron a cruzar el Atlántico, a influir en cortes europeas, a educar y a cuestionar el orden establecido.
Este relato no glorifica la conquista, pero sí reivindica la necesidad de mirar el pasado con perspectiva de género, ampliando el relato histórico con justicia.
Revisar la historia no es justificarla, es comprenderla mejor. Dar nombre a las mujeres que cruzaron el océano es también una forma de hacer memoria.
María Bellido: entre la historia y la leyenda de Bailén

La tradición cuenta que María Bellido era una mujer del pueblo que, durante la Batalla de Bailén de 1808, se dedicó a llevar agua a los soldados españoles bajo el sol abrasador de julio. En uno de esos viajes, una bala rompió el cántaro que llevaba sobre la cabeza y, lejos de rendirse o volver atrás, María habría pronunciado la frase que la convirtió en símbolo: «No importa, mientras quede sangre en las venas», continuando su camino para auxiliar a los combatientes.
¿Fue exactamente así? No lo sabemos con certeza. No existen documentos históricos que permitan reconstruir su biografía con precisión, y gran parte de lo que se cuenta sobre ella procede de relatos posteriores, tradición oral y construcción simbólica. Pero —y esto es importante— su figura no nace de la nada. María Bellido representa a tantas mujeres anónimas que participaron activamente en la guerra: abasteciendo, cuidando heridos, transmitiendo información y sosteniendo la resistencia desde la retaguardia.
Hoy, Bailén la recuerda como heroína popular, con monumentos y referencias que la integran en el relato colectivo de la ciudad. Más allá de si cada detalle es exacto o no, su historia funciona como memoria encarnada: una forma de poner rostro femenino a un acontecimiento que durante mucho tiempo se contó solo en clave militar y masculina.
Incluir a María Bellido en esta ruta no es buscar una verdad cerrada, sino reconocer el valor del relato. Porque las leyendas también hablan de lo que una sociedad necesita recordar. Y en el caso de Bailén, ese recuerdo tiene nombre de mujer y olor a agua derramada sobre la tierra caliente.
Las historias populares, aunque no siempre sean verificables al cien por cien, forman parte del patrimonio inmaterial de los territorios. Escucharlas, contextualizarlas y contarlas con honestidad es otra forma de viajar con respeto y conciencia.
Por eso me acerqué hasta Jódar, en plena Sierra Mágina, para conocer a un grupo de mujeres que, desde lo cotidiano, también están tejiendo memoria y comunidad. Allí, lejos de los grandes relatos y muy cerca de la vida real, entendí que el pasado no es algo cerrado: dialoga con el ahora a través de mujeres que se reúnen, crean y comparten. Cambian los contextos, cambian las herramientas, pero permanece la misma necesidad de encontrarse, de sostenerse y de dejar huella, casi sin hacer ruido.
Las mujeres enganchadas de un hilo de Jódar

En Jódar me encontré con una escena sencilla y poderosa a la vez: un grupo de mujeres sentadas alrededor de la mesa, hablando mientras las manos no dejaban de moverse. Lana, agujas, risas, silencios compartidos. Así funciona Enganchadas de un Hilo, un proyecto que lleva años creciendo y reinventándose en Sierra Mágina y donde cada edición se traduce en nuevos murales, nuevas piezas y, sobre todo, nuevas historias compartidas alrededor del ganchillo y las agujas.
Este año, además, han ido un paso más allá: han tejido un planetario muy especial, poblado de cientos de estrellas, planetas de colores y piezas fluorescentes que brillan cuando cae la luz, como si el cielo nocturno hubiera decidido posarse, hilo a hilo, en el pueblo. No es casualidad: el Parque Natural de la Sierra Mágina, situado en la provincia de Jaén, ha sido recientemente reconocido como Reserva Starlight, consolidándose como un enclave privilegiado para el astroturismo en Andalucía.

Esta distinción, otorgada por la Fundación Starlight, certifica la excepcional calidad de su cielo nocturno y el compromiso de la región con la protección del medio ambiente y la promoción del turismo sostenible. Había llegado hasta aquí con la intención de conocerlas de cerca, pero también de observar qué ocurre cuando las mujeres se reúnen sin prisas y el hacer juntas se convierte en una forma de estar en el mundo.
Mientras hablábamos y ellas seguían tejiendo casi sin darse cuenta, no podía dejar de pensar en otras mujeres, en otros lugares y en tiempos mucho más convulsos, que también tejían… pero con una intención muy distinta.

Durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, el tejido se convirtió para muchas en una tapadera perfecta: el punto del derecho y el del revés funcionaban como un lenguaje binario, similar al código Morse, y algunas espías llegaron a esconder mensajes cifrados en bufandas, jerséis o mantas, usando errores aparentemente inocentes, cambios de patrón o secuencias de puntadas que solo otra persona sabía interpretar. Otras se sentaban a tejer en estaciones, puentes o zonas estratégicas, observando movimientos de tropas mientras contaban puntos, porque nadie sospechaba de una mujer con lana entre las manos.
Aquí, en Jaén, no hay constancia de códigos secretos tejidos —aunque, sinceramente, escuchándolas, habríamos triunfado—, pero el paralelismo es inevitable: entonces y ahora, tejer ha sido una forma de estar, de mirar, de reunirse y de crear redes invisibles. Ayer sirvió para resistir en tiempos de guerra; hoy, en proyectos como Enganchadas de un Hilo, sirve para tejer comunidad, memoria y orgullo rural, hilo a hilo, sin hacer ruido, pero dejando huella.
Jódar es también una puerta de entrada perfecta para descubrir la Sierra Mágina más auténtica. A su alrededor se despliega un territorio de olivares infinitos, pueblos blancos encaramados a la montaña, senderos que se pierden entre encinas y quejigos, y miradores desde los que entender la dimensión real de este parque natural.
El Parque Natural de la Sierra Mágina es uno de los grandes espacios naturales de la provincia de Jaén. Conformado por sierras abruptas, olivares de montaña y pequeños pueblos blancos, es un territorio que conserva una fuerte identidad rural. Su reciente reconocimiento como Reserva Starlight refuerza su valor como destino de astroturismo y turismo sostenible, sumando a su patrimonio natural un cielo nocturno de excepcional calidad.
Sierra Mágina invita a caminarla sin prisas, a detenerse en sus castillos y atalayas, a probar su gastronomía ligada al aceite de oliva virgen extra y a mirar al cielo cuando cae la noche, uno de los más limpios de Andalucía. Un destino que combina naturaleza, patrimonio y vida rural, y que merece ser recorrido con tiempo, curiosidad y los sentidos bien despiertos. Si te apetece profundizar y descubrir todo lo que ofrece este territorio, te lo cuento con calma en este otro artículo dedicado a la Sierra Mágina.
Esta ruta termina, pero no se cierra. Porque las mujeres que hemos ido encontrando —las que dieron nombre a ciudades, sostuvieron hogares, cruzaron fronteras, resistieron en silencio o dejaron huella sin firmarla— siguen ahí. Las mujeres rurales de Jaén siguen latiendo en los paisajes y en la vida cotidiana de Jaén.
Mirar el territorio desde ellas no es solo un ejercicio de memoria, es una forma distinta de viajar: más consciente, más lenta, más humana. Una invitación a seguir recorriendo caminos con los ojos abiertos y a no soltar el hilo que nos conecta con quienes estuvieron antes.
Mapa con puntos de recarga de coches eléctricos

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Esta ruta forma parte del proyecto 0 emisiones, mil emociones, ha sido realizada con un vehículo eléctrico 100 % y es una actividad subvencionada por la Diputación Provincial de Jaén

Gracias al Concesionario oficial de Peugeot, Peugeot My Cars en Jaén por la cesión del vehículo. En esta ocasión un Peugeot e-3008 100 % eléctrico con casi 500 kilómetros de autonomía reales.