Hay destinos que se descubren con la vista. Otros se entienden a través de la gastronomía. Pero Portugal es uno de esos países que también se escucha.
Con esa idea salí de Madrid rumbo a una nueva aventura en coche eléctrico. Quería recorrer Portugal siguiendo el hilo conductor del fado, una música que habla de amor, nostalgia, mar y recuerdos. Un viaje para descubrir ciudades históricas, paisajes atlánticos y tradiciones que forman parte de la identidad portuguesa.
Además, esta ruta coincidía con un momento especial para la movilidad eléctrica. Durante el recorrido tuve la oportunidad de conocer algunos de los nuevos puntos de recarga que Zunder está incorporando en Portugal, facilitando cada vez más los viajes sostenibles por el país vecino.
Durante cuatro días conduje desde el norte hasta Lisboa, atravesando ciudades donde el fado adopta formas diferentes y donde la palabra portuguesa saudade cobra sentido en cada rincón.
Una ruta en coche eléctrico por Portugal siguiendo el alma del fado
Esposende: una parada junto al Atlántico antes de llegar a Oporto
Antes de llegar a Oporto, hice una parada en Esposende, una localidad costera del norte de Portugal situada en el Camino Portugués a Santiago de Compostela.
Me alojé en el B&B Marinha, un alojamiento cerca del mar que cuenta con estación de recarga de Zunder. Una opción práctica para descansar durante tu ruta por Portugal en coche eléctrico.
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Esa noche aproveché para descansar después del viaje desde Madrid y cargar el coche antes de continuar la ruta al día siguiente.
Viana do Castelo, cuna del folclore portugués

A tan solo unos 15 kilómetros se encuentra Viana do Castelo, considerada la cuna del folclore portugués. Aunque esta vez no me detuve a recorrer la ciudad, al día siguiente, sí aproveché la cercanía para subir hasta el Santuario de Santa Luzia, uno de los lugares más emblemáticos de la zona. Desde allí, las vistas panorámicas de la ciudad, la desembocadura del río Lima y el Atlántico son espectaculares. Una parada breve, pero que mereció mucho la pena antes de seguir camino hacia Oporto.
Oporto: las primeras notas del viaje
Aunque ya había visitado Oporto en varias ocasiones, incluso durante su animada fiesta de San Juan, siempre hay motivos para volver.
Al llegar a Oporto, aparqué en el Estacionamento Duque de Loulé, muy céntrico y perfecto para recorrer a pie algunos de los lugares más conocidos de la ciudad.
Esta vez comencé paseando hasta la estación de São Bento, famosa por sus impresionantes paneles de azulejos, y continué hasta la catedral y el entorno animado de turistas y visitantes.

A mediodía, hice una parada para comer en Casa Balsas, una casa de comidas tradicional donde, cuando el alma lo pide, se cantan fados vadios: esos fados espontáneos que surgen sin grandes formalidades, cuando alguien siente la necesidad de cantar. No te dejes impresionar por el aspecto exterior, el local es muy limpio y sus platos muy bien cocinados y con productos de primera calidad.
Casa da Guitarra

Por la tarde, la música siguió siendo la protagonista con mi visita a la Casa da Guitarra, un espacio dedicado al instrumento por excelencia del fado. Allí, la protagonista es especialmente la guitarra portuguesa, con su sonido tan característico, inseparable de la identidad de esta música.
Con su caja de resonancia en forma de pera y sus doce cuerdas metálicas, la guitarra portuguesa tiene un sonido brillante y melancólico que dialoga con la voz del fadista y aporta buena parte de la emoción de cada interpretación. Junto a la viola de fado, es una pieza fundamental de esta música y una de las grandes señas de identidad de la cultura portuguesa.
El puente de Don Luis I

En lugar de recorrer la Baixa de Oporto, decidí cruzar el puente de Don Luis I para llegar a Vila Nova de Gaia, la ciudad situada en la otra orilla del Duero, donde se encuentran las famosas bodegas del vino de Oporto.
Este puente metálico, inaugurado en 1886, fue diseñado por Théophile Seyrig, discípulo de Gustave Eiffel. Y lo cierto es que es una auténtica maravilla, tanto por su estructura como por las vistas que ofrece. Eso sí, hay que estar atentos al cruzarlo por la plataforma superior, porque también pasa el metro en superficie. Mejor no distraerse demasiado con las fotos y mirar por dónde vamos. ¡Aunque reconozco que cuesta no hacerlo!
Una vez en Gaia, merece la pena detenerse a contemplar la panorámica: al otro lado del río se despliega Oporto, con las coloridas fachadas de la Ribeira, sus iglesias y sus tejados, mientras los tradicionales barcos rabelos descansan sobre el Duero en primer plano.
Estas embarcaciones se utilizaban antiguamente para transportar las barricas de vino desde los viñedos del valle hasta las bodegas. Una imagen de postal que, aunque ya conocía de otras visitas, siempre apetece volver a disfrutar.
Aunque Oporto no es la cuna del fado, la música está muy presente. Paseando junto al río escuché a varios músicos interpretar canciones tradicionales mientras los barcos rabelos descansaban sobre el agua.

Recargando en Portugal con Zunder
Antes de continuar mi ruta hacia el sur, hice una parada en la estación de recarga de Zunder en Oporto. Con la batería lista, retomé el viaje hacia Murtosa, donde me esperaba un lugar muy especial para despedir el día.

Cais do Bico: un atardecer entre barcos tradicionales
Mi destino era Cais do Bico, en Murtosa, junto a la ría de Aveiro, un antiguo puerto que durante décadas tuvo una gran importancia para la economía de la zona y donde todavía hoy descansan numerosos barcos tradicionales.
Entre ellos destacan los moliceiros, unas embarcaciones de madera alargadas y de proa elevada que nacieron para recoger y transportar el moliço, una mezcla de algas y plantas acuáticas que se utilizaba como abono para los campos agrícolas. Durante generaciones, estos barcos y quienes los manejaban formaron parte de la vida cotidiana de las comunidades que vivían junto a la ría.
Pero si hay algo que hace únicos a los moliceiros, además de su peculiar silueta, son sus llamativas pinturas. Sus proas y popas se decoran con paneles de vivos colores que representan escenas religiosas, personajes históricos, situaciones cotidianas e incluso dibujos humorísticos y de doble sentido. No son simples adornos: reflejan la creatividad, el sentido del humor y la manera de entender la vida de las gentes de la ría. Cada barco tiene su propia personalidad y detenerse a observar sus ilustraciones es casi como leer pequeñas historias populares pintadas sobre madera.
Hoy, muchos de estos barcos también se utilizan para paseos turísticos, pero en Cais do Bico pude contemplarlos descansando en el puerto, en un entorno que conserva una estrecha relación con la navegación tradicional.

Y allí me esperaba uno de los momentos más bonitos de la jornada: el atardecer en la ría de Aveiro. La luz iba cambiando poco a poco, tiñendo el cielo y reflejándose sobre el agua, mientras las siluetas de los barcos permanecían tranquilas en el puerto. Después de un día recorriendo Oporto, sus calles y sus monumentos, terminar la jornada en aquel lugar fue un auténtico regalo. Sin prisas, disfrutando del paisaje y dejando que el sol se despidiera a su ritmo.
Hay lugares a los que llegas buscando algo concreto y otros que terminan sorprendiéndote por el simple hecho de estar allí. Para mí, Cais do Bico fue una de esas paradas que justifican viajar sin tener que llenar cada minuto de visitas. A veces, basta con encontrar un rincón especial y disfrutar de lo que tienes delante.
¿Dónde alojarse en la ría de Aveiro?
Durante mi viaje me alojé en la Estalagem Riabela, en Torreira, junto a la ría de Aveiro. Un alojamiento que, además de permitirme descansar después de la jornada, cuenta con un punto de recarga para vehículos eléctricos que pude utilizar con mi tarjeta de Zunder. ¡Una ventaja para quienes viajamos en coche eléctrico y queremos seguir descubriendo Portugal sin complicaciones!
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Coimbra: donde el fado emociona de verdad
Si tengo que elegir una ciudad que me marcó especialmente durante esta ruta, esa sería Coimbra.
Aquí descubrí que existe una forma de entender el fado muy diferente a la de Lisboa. Mientras que el fado lisboeta canta a la vida cotidiana, a los amores y a las dificultades de la gente, el de Coimbra está estrechamente ligado a la vida universitaria, a la juventud y a la nostalgia de los años que pasan. Una tradición musical que forma parte de la identidad de la ciudad y que tenía muchas ganas de conocer más de cerca.
La Universidad de Coimbra: historia, conocimiento y tradición

Comencé la mañana visitando uno de los lugares imprescindibles de la ciudad: la Universidad de Coimbra, una de las universidades más antiguas de Europa, fundada en 1290 y declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2013.
💡Llegué en coche hasta la zona alta, donde se encuentra el conjunto universitario, y tuve suerte: al ser domingo, aparcar no resultó complicado y tampoco tuve que pagar por estacionar en la zona azul.
Con una entrada combinada pude recorrer diferentes espacios históricos y científicos de la universidad. La visita comenzó por el antiguo Palacio Real, hoy integrado en el conjunto conocido como Paço das Escolas, que durante siglos fue residencia de la monarquía portuguesa antes de convertirse en sede universitaria.
Uno de los espacios que más ganas tenía de conocer era la Biblioteca Joanina, una auténtica joya del barroco portugués del siglo XVIII. Sus estanterías de madera exótica, los dorados y los techos decorados convierten esta biblioteca histórica en un lugar extraordinario. Más allá de su belleza, conserva una importante colección de libros antiguos que refleja la tradición intelectual de la universidad.
También visité la Capilla de San Miguel, con su decoración artística y su órgano barroco, y las antiguas aulas de Física y Química, que permiten descubrir cómo se enseñaban estas disciplinas en otras épocas. La universidad conserva además un interesante gabinete de curiosidades, con colecciones de objetos naturales y científicos que muestran cómo se organizaba el conocimiento antes de los museos modernos.

La visita permite entender que la Universidad de Coimbra no es solamente un conjunto de edificios históricos: es un lugar donde la enseñanza, la investigación y las tradiciones académicas llevan siglos conviviendo.
Y, a pesar de ser domingo, la ciudad universitaria tenía vida. Me encontré con estudiantes vestidos con sus tradicionales capas negras, algunos ofreciendo postales y flores a los visitantes para conseguir unos ingresos con los que ayudar a financiar sus estudios. Una imagen que conecta la universidad histórica con la vida de los estudiantes de hoy y que recuerda hasta qué punto las tradiciones siguen presentes en Coimbra.
Un paseo por la Baixa y una parada para comer
Después de la visita a la universidad, bajé hacia la Baixa de Coimbra, el centro histórico situado en la parte baja de la ciudad, donde las calles comerciales y las plazas ofrecen una imagen muy diferente de la zona monumental.
Me acerqué hasta los alrededores del mercado de pescado y allí encontré un lugar perfecto para hacer una pausa: el Restaurante Jardim da Manga, situado junto al claustro renacentista del mismo nombre.
La Fonte da Manga, como también se conoce a este monumento, es uno de esos rincones que merece la pena descubrir mientras se pasea por la ciudad. Su estructura, formada por una fuente central y pequeños templetes, es una de las muestras más singulares del Renacimiento en Coimbra.

Aproveché la parada para disfrutar de un rico bacalao, uno de los grandes protagonistas de la gastronomía portuguesa. Después de una mañana dedicada a la historia y al patrimonio, tocaba reponer fuerzas antes de continuar descubriendo la ciudad.
Como sobremesa hice una parada en el histórico Café Santa Cruz para probar el crúzio, un dulce típico de la ciudad. Un café con mucha historia y una parada perfecta para disfrutar de la repostería portuguesa antes de seguir descubriendo Coimbra.
Una noche en la Quinta das Lágrimas: una historia de amor y tragedia
Después de comer, regresé a mi alojamiento para descansar un rato. Y no era un alojamiento cualquiera: esa noche me esperaba la Quinta das Lágrimas, uno de esos lugares donde la historia de Portugal parece seguir presente entre jardines, fuentes y antiguos edificios.
La quinta está ligada a una de las historias de amor más conocidas y trágicas del país: la de Pedro e Inés de Castro. En el siglo XIV, el infante Pedro, heredero de la Corona portuguesa, se enamoró de Inés, dama de la corte. Su relación despertó la oposición del rey Alfonso IV, padre de Pedro, y terminó de forma trágica con el asesinato de Inés en 1355.
Según la leyenda, los jardines de la quinta fueron escenario de los encuentros de la pareja y la Fonte das Lágrimas nació de las lágrimas derramadas por Inés. También se cuenta que las manchas rojizas que pueden observarse en la roca recuerdan la sangre de su muerte. Historia y leyenda se mezclan así en un lugar que ha conservado durante siglos el recuerdo de esta pareja.

La historia de la Quinta das Lágrimas, en Coimbra, merece un artículo propio, en el que descubrirás la fascinante leyenda de amor de Pedro e Inés y los jardines que guardan su memoria. En esta ruta por Portugal, alojarme en este hotel histórico fue una oportunidad para vivir de cerca uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad y conocer un patrimonio que va mucho más allá de sus muros.
Duerme entre jardines y leyendas en Coimbra
¿Te imaginas alojarte en un lugar donde la historia de amor de Pedro e Inés de Castro sigue viva entre jardines, fuentes y rincones llenos de historia?
La Quinta das Lágrimas es mucho más que un hotel: es un alojamiento con siglos de historia, rodeado de jardines y ligado a una de las leyendas de amor más famosas de Portugal. Durante mi ruta por el país tuve la oportunidad de alojarme aquí y disfrutar de la tranquilidad de este lugar tan especial. Y tambien tiene punto de recarga de coches eléctricos.
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Portugal dos Pequenitos: un país en miniatura
Después de descansar, salí a dar un paseo por los alrededores. Muy cerca de la Quinta das Lágrimas se encuentra Portugal dos Pequenitos, un parque temático y cultural inaugurado en 1940 por iniciativa del médico y filántropo Bissaya Barreto, con un proyecto arquitectónico de Cassiano Branco.
El parque nació con una finalidad educativa y recreativa: acercar a los más pequeños la arquitectura, la historia y la cultura portuguesas a través de reproducciones a escala reducida. En sus diferentes espacios se pueden encontrar casas tradicionales de distintas regiones, monumentos emblemáticos y construcciones que representan también la historia y los vínculos culturales de Portugal con otros territorios de habla portuguesa.
Aunque está pensado especialmente para el público infantil, resulta curioso recorrerlo también siendo adulto. Es una forma diferente de acercarse al patrimonio portugués y descubrir, en un mismo lugar, la diversidad arquitectónica y cultural del país.
En esta ocasión no entré, porque ya había visitado Portugal dos Pequenitos con mi hija cuando era pequeña, en un viaje muy especial que recuerdo con cariño. Si quieres descubrir otra cara del país, te cuento aquella experiencia en mi artículo sobre Portugal en Navidad, un viaje para descubrir el país con los más pequeños.
Fado ao Centro: una tarde para escuchar Coimbra

Pero si había una experiencia que daba sentido al hilo conductor de este viaje, era escuchar el fado de Coimbra.
Para ello, me acerqué a Fado ao Centro, una casa de fados situada en el centro histórico que dedica su actividad a preservar y difundir esta tradición musical. Además de organizar actuaciones, el espacio trabaja para transmitir la cultura del fado de Coimbra y sus tradiciones académicas a las nuevas generaciones.
La sala es muy acogedora y permite disfrutar del espectáculo en un ambiente cercano. Una de las cosas que más me gustó fue que, entre fado y fado, los intérpretes iban explicando curiosidades sobre esta música, sus letras y la manera particular de interpretarla en Coimbra. Así, además de escucharla, tienes la oportunidad de comprender mejor su historia y lo que representa para la ciudad.
A diferencia de lo que solemos asociar con las casas de fado de Lisboa, el de Coimbra está profundamente vinculado a la universidad y a sus estudiantes. Tradicionalmente, lo interpretan voces masculinas acompañadas por la guitarra portuguesa y la viola, y sus letras evocan el amor, la juventud, la vida académica y la nostalgia por una etapa que, tarde o temprano, queda atrás.
Al terminar el espectáculo, disfruté de una copa de vino de Oporto, el broche perfecto para una tarde dedicada a la música y a la cultura portuguesa.
Descubre el fado de Coimbra en Fado ao Centro
Si visitas Coimbra, te recomiendo reservar un rato para escuchar su fado en Fado ao Centro, una sala acogedora donde la música se combina con pequeñas explicaciones sobre esta tradición tan vinculada a la vida universitaria.
Durante mi visita, entre interpretación e interpretación, los artistas compartieron curiosidades sobre el fado de Coimbra, lo que me permitió conocer mejor su historia y sus particularidades. Una experiencia cultural que merece la pena incluir en tu ruta por la ciudad.
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Nazaré: tradición marinera, surf y sabor a Atlántico

Desde Coimbra continué mi ruta hacia el sur hasta llegar a Nazaré, una localidad que ya conocía, pero a la que me apetecía volver para descubrir algunos detalles que me habían quedado pendientes. En esta ocasión, quería acercarme a sus tradicionales secaderos de pescado y conocer mejor el trabajo de las mujeres que mantienen viva esta costumbre, muchas de ellas vestidas con las famosas siete faldas de Nazaré, una de las señas de identidad de la localidad.
Los secaderos forman parte del paisaje marinero de Nazaré. Allí, sobre estructuras de madera y al aire libre, se seca el pescado siguiendo una técnica tradicional que permite conservarlo durante más tiempo. Las mujeres que se encargan de este trabajo, conocidas como peixeiras, extienden y vigilan el pescado, aprovechando el sol y el aire del Atlántico. Es una estampa que conecta con el pasado de una comunidad cuya vida ha estado siempre ligada al mar y a la pesca.
Y, por supuesto, no podía faltar una parada para comer. Elegí el Restaurante Cais da Nazaré, junto a la playa, donde disfruté de la gastronomía local con el Atlántico como telón de fondo. Almejas y dorada fue mi elección.

Aunque todavía tenía bastante batería, aproveché la pausa del almuerzo para recargar un poco el coche en uno de los puntos situados en el paseo marítimo, utilizando la aplicación de Zunder. Una pequeña parada que me permitió continuar el viaje con más autonomía y que demuestra que, cuando recorres Portugal en coche eléctrico, puedes aprovechar momentos cotidianos, como la hora de comer, para añadir unos kilómetros de carga.
El faro de Nazaré: entre olas gigantes y ambiente surfero

Después de comer, cogí de nuevo el coche y subí hasta el faro de Nazaré, situado en el promontorio del Sítio, junto al Fuerte de São Miguel Arcanjo. Este es el lugar desde el que se contemplan las famosas olas gigantes que han convertido a Nazaré en un destino mundial para los amantes del surf.
En esta ocasión, el océano no ofrecía aquellas enormes paredes de agua que tantas veces hemos visto en fotografías y vídeos. Pero eso no impidió disfrutar de un entorno muy particular, donde se mezcla la fuerza del Atlántico con el ambiente surfero que caracteriza a esta zona.
Me resultó especialmente curioso el contraste entre los surfistas y los visitantes que se acercan a contemplar el mar y los pequeños puestos donde se venden frutos secos, recuerdos y otros productos típicos. Todo ello junto al antiguo fuerte, que alberga el famoso faro y un espacio expositivo dedicado a las olas gigantes y al surf.
Es una combinación muy propia de Nazaré: por un lado, las tradiciones de una localidad marinera que conserva costumbres centenarias; por otro, una cultura del surf que ha llevado el nombre de este pequeño rincón portugués por todo el mundo.
Aunque esta vez no pude contemplar las olas gigantes, la visita mereció la pena. Nazaré tiene mucho más que ofrecer que su fama surfera: sus tradiciones, sus mujeres de las siete faldas, su gastronomía y su estrecha relación con el océano forman parte de una identidad que sigue muy viva.

Y, mientras continuaba mi ruta, pensé que el mar vuelve a ser ese hilo conductor que conecta muchos de los lugares de este viaje con el fado. La saudade portuguesa también habla de ausencias, de despedidas y de quienes esperan a alguien que se ha marchado al mar. Una emoción que se entiende un poco mejor cuando conoces la historia de las comunidades que viven frente al Atlántico.

Una parada para recargar en Caldas da Rainha con Zunder
En mi camino hacia Lisboa hice una parada en Caldas da Rainha para recargar el coche en una estación de Zunder. En esta ocasión no me detuve a visitar la ciudad, pero es uno de esos lugares de Portugal que merece la pena conocer.
Ya había tenido la oportunidad de descubrirla durante mi ruta por el centro de Portugal y me pareció una ciudad muy bonita e interesante, con mucho que ofrecer al viajero. Así que, si estás preparando tu viaje por esta zona, te recomiendo que reserves un rato para pasear por sus calles y descubrir sus atractivos.
🚗 ¿Mi consejo? Aprovecha la parada para cargar tu coche eléctrico y, si tienes tiempo, ¡anímate a conocer Caldas da Rainha!
Lisboa: donde termina la ruta y continúa la música
Después de dejar atrás Nazaré, continué mi viaje hacia el sur hasta llegar a Lisboa, la ciudad donde el fado forma parte del alma de sus barrios y de la vida cotidiana de sus habitantes.
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Llegué a tiempo para disfrutar de un paseo por Alfama, uno de los barrios más antiguos y con más personalidad de la capital portuguesa. Me encanta perderme por sus calles estrechas y empinadas, descubrir pequeñas plazas y asomarme a sus miradores, desde donde los tejados de Lisboa se extienden hasta encontrarse con el Tajo. Es un barrio para recorrer sin demasiados planes, dejándose llevar por sus rincones y por esa mezcla de vida cotidiana y tradición que lo hace tan especial.
Concierto de fado con cena en Lisboa
Pero en Lisboa me esperaba, sobre todo, una última cita con el fado. Para despedir la jornada, elegí la Associação do Fado Casto, un lugar muy especial situado en un palacio del siglo XVIII, construido sobre los restos del antiguo teatro romano de la ciudad, en la ladera del Castillo de San Jorge.
Nada más entrar, las paredes decoradas con recuerdos y objetos relacionados con el fado dejan claro que allí la música no es un simple espectáculo para turistas: es una parte fundamental de la identidad portuguesa. El ambiente íntimo del local invita a acercarse a esta tradición y a comprender la pasión que despierta entre los lisboetas.
La experiencia incluía una cena con diferentes productos y especialidades portuguesas, acompañada de bebida, antes de comenzar la actuación. Después llegó el momento que estaba esperando: un concierto en directo en el que la voz del fadista, acompañada por la guitarra clásica y la guitarra portuguesa, llenó la sala de melodías cargadas de emoción.
Vive una noche de fado en Lisboa
¿Te gustaría descubrir la esencia de la música portuguesa en directo? Disfruta de una velada en la Associação do Fado Casto, con un espectáculo de fado tradicional y una cena con especialidades portuguesas en un ambiente íntimo y lleno de historia.
Escuchar fado en Lisboa, después de haber conocido la tradición musical de Coimbra, me permitió apreciar aún mejor las diferencias entre ambas formas de interpretarlo. En Coimbra, las canciones me habían acercado al mundo universitario, a la juventud y a la nostalgia de los años que pasan. En Lisboa, el fado me devolvía a las historias de amor, a las ausencias y a las emociones de la vida cotidiana.
Con aquella actuación terminé la jornada y me fui a descansar después de un día en el que el Atlántico y la música portuguesa habían vuelto a ser protagonistas.
¿Dónde alojarse en Lisboa si viajas en coche?
Lisboa es una ciudad maravillosa para recorrer a pie y en transporte público, pero bastante complicada para moverse en coche: el tráfico, las cuestas, las calles estrechas y el aparcamiento pueden convertir cada desplazamiento en una pequeña aventura.
Por eso, cuando visito la capital portuguesa, prefiero alojarme en la zona del Parque de las Naciones, un área moderna, bien comunicada y con acceso al metro. Así puedo dejar el coche aparcado durante la visita y moverme cómodamente en transporte público para descubrir barrios como Alfama, Baixa o Chiado.
Además, esta zona es una buena opción si estás haciendo una ruta por Portugal en coche eléctrico y buscas un alojamiento práctico desde el que continuar tu viaje.
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Lisboa, una ciudad a la que siempre hay que volver
Al día siguiente, aproveché para dar otro paseo por Lisboa y disfrutar de su ambiente antes de dar por terminada la ruta. Sin embargo, me quedó una pequeña espinita: tres lugares que consideraba imprescindibles para completar mi recorrido por la historia del fado estaban cerrados por ser lunes.
El primero era el Museo del Fado, situado en Alfama, un espacio dedicado a la historia de este género musical, sus intérpretes y los instrumentos que le han dado forma a lo largo del tiempo.
También quería visitar la Casa-Museo de Amália Rodrigues, dedicada a una de las voces más importantes de la música portuguesa. Conocida como la Rainha do Fado, Amália llevó esta música mucho más allá de las fronteras de Portugal y se convirtió en una figura fundamental para su reconocimiento internacional.
Y, por último, tenía pendiente acercarme al Panteón Nacional, donde descansan los restos de Amália Rodrigues junto a otras grandes figuras de la historia portuguesa. Un lugar que me parecía especialmente apropiado para cerrar esta ruta dedicada al fado y a la cultura del país.
No pudo ser esta vez, pero ya tengo una buena excusa para regresar a Lisboa. Si estás preparando un viaje siguiendo los pasos del fado, te recomiendo comprobar los horarios de estos tres lugares y organizar las visitas evitando los lunes, para no encontrarte con las puertas cerradas como me ocurrió a mí.
Porque viajar también consiste en dejar cosas pendientes. A veces, esos lugares que no has podido visitar se convierten en el mejor motivo para volver.
Y así terminó mi ruta por Portugal: después de recorrer ciudades, descubrir tradiciones, escuchar diferentes formas de interpretar el fado y conocer nuevos rincones al volante de un coche eléctrico. Un viaje en el que la música fue el hilo conductor, pero en el que también hubo patrimonio, gastronomía, paisajes atlánticos y encuentros con la cultura portuguesa.
Me despedí de Portugal con la sensación de que había escuchado una parte de su historia, aunque todavía me quedaban muchas canciones por descubrir.

Una ruta realizada junto a Peugeot y Zunder
Esta aventura forma parte de la colección «0 emisiones, mil emociones», un proyecto con el que recorro España y Portugal en coche eléctrico para descubrir destinos comprometidos con un turismo más sostenible.
Para esta ruta viajé a bordo de un Peugeot E-308 100 % eléctrico, utilizando exclusivamente la red de recarga de Zunder.
Si quieres conocer la versión de esta ruta publicada en el blog de Zunder, centrada en la planificación del recorrido y en la experiencia de viajar en coche eléctrico, puedes leerla aquí:
👉 Leer el artículo completo en el blog de Zunder.
Si estás pensando en realizar esta ruta, aquí puedes consultar el mapa de estaciones de recarga de Zunder para planificar tu viaje.