Hay lugares a los que viajamos para conocer un monumento, disfrutar de un paisaje o tachar un destino de una lista. Y luego están aquellos a los que regresamos porque sentimos que todavía nos queda algo por comprender. La Costa da Morte pertenece a ese segundo grupo.

Durante mucho tiempo pensé que el verdadero motivo para recorrer este rincón de Galicia era llegar hasta Fisterra, contemplar el océano desde el faro y descubrir por qué durante siglos aquel cabo fue considerado el fin del mundo. Pero mientras preparaba esta ruta me di cuenta de que la historia que quería contar era otra.

Recordé entonces a Man, el alemán de Camelle.

Hace años tuve la oportunidad de conocer su historia y de visitar el lugar donde decidió cambiar una vida cómoda por otra completamente distinta, frente al Atlántico. Construyó con sus propias manos un pequeño universo de piedras, conchas y esculturas que convivía en perfecta armonía con el mar. Hasta que llegó el Prestige.

Aquella catástrofe no solo cubrió de fuel la costa gallega. También destruyó el paisaje que daba sentido a la obra de Man y terminó rompiendo el vínculo que durante décadas había mantenido con aquel lugar.

Desde entonces nunca he vuelto a mirar la Costa da Morte de la misma manera. Porque comprendí que este territorio no se entiende únicamente a través de sus paisajes.

Se entiende escuchando a las personas que han aprendido a vivir frente a uno de los mares más bellos y, al mismo tiempo, más impredecibles de Europa. Ese pensamiento fue el que terminó dando forma a esta ruta. Quería llegar a Fisterra, sí. Pero también quería conocer a quienes siguen leyendo las mareas cada mañana para salir a mariscar. A quienes arriesgan la vida buscando percebes en los acantilados. A quienes reciben cada día a los peregrinos que terminan aquí el Camino de Santiago. A quienes conviven con las historias de los grandes naufragios que dieron nombre a la Costa da Morte.

Porque comprendí que el verdadero protagonista de este viaje no iba a ser el faro de Fisterra. Ni siquiera el océano. Iban a ser las personas que llevan generaciones aprendiendo a convivir con él.

 

Puntos de recarga

Para recorrer esta ruta elegí un Peugeot E-308 100 % eléctrico, utilizando exclusivamente la red de recarga de Zunder. Más que un reto de autonomía, buscaba viajar sin prisas, dejando que cada parada formara parte del propio recorrido y permitiéndome detenerme allí donde una conversación, un paisaje o una historia merecieran dedicarles un poco más de tiempo.

 

Durante cuatro días recorrí Galicia siguiendo la línea del Atlántico. Dormí en un faro. Escuché historias de mariscadoras, de naufragios y de peregrinos. Descubrí lugares donde el mar sigue marcando el ritmo de la vida cotidiana y entendí que, quizá, el fin del mundo nunca estuvo en Fisterra…

Tal vez el verdadero viaje consista en descubrir que, cuando llegas hasta el último cabo de Europa, en realidad lo único que acaba es el mapa.

Todo lo demás… no ha hecho más que empezar.

Una ruta en coche eléctrico hasta Fisterra que me permitió descubrir algunos de los rincones más auténticos de Galicia y comprender mejor la estrecha relación que existe entre sus habitantes y el mar.

Galicia en coche eléctrico

Ruta en coche eléctrico de Madrid a Fisterra: itinerario de 5 días

Durante cuatro días recorrí Galicia desde Madrid a bordo de un Peugeot E-308 100 % eléctrico, siguiendo la red de recarga de Zunder y dejando que el Atlántico marcara el rumbo del viaje. El itinerario comenzó atravesando el interior de la Península hasta llegar a Galicia, continuó por las Rías Baixas y alcanzó Fisterra, el lugar donde durante siglos se creyó que terminaba el mundo conocido.

A partir de allí comenzó una segunda parte del viaje. Siguiendo la costa de la Costa da Morte, descubrí faros, acantilados y pequeños pueblos marineros, pero, sobre todo, tuve la oportunidad de conocer a personas que viven mirando al mar cada día. Mariscadoras, percebeiros, peregrinos y vecinos que, con sus historias, me ayudaron a comprender que la verdadera riqueza de este territorio no está solo en sus paisajes, sino también en quienes los habitan.

Esta ruta en coche eléctrico de Madrid a Fisterra demuestra que hoy es posible recorrer Galicia con total tranquilidad utilizando una red de recarga bien planificada.

Esta fue la ruta que seguí:

Día 1. De Madrid a Puebla de Sanabria: una parada con sabor medieval antes de llegar a Galicia

El viaje comenzó a primera hora de la mañana en Madrid, donde recogí el Peugeot E-308 en el Concesionario oficial de Peugeot en la calle Doctor Esquerdo con el que recorrería Galicia durante los siguientes días.

La primera etapa tenía un objetivo claro: llegar hasta Puebla de Sanabria, una de las villas medievales más bonitas de Castilla y León y una parada perfecta antes de adentrarse en tierras gallegas.

 

Puntos de recarga

Viajar en coche eléctrico por esta ruta resulta muy sencillo gracias a la red de recarga de Zunder, que cuenta con varios puntos estratégicamente situados antes de alcanzar Sanabria. Dependiendo del ritmo del viaje, es posible detenerse en GALP Martín Muñoz de la Dehesa, continuar hasta Villalpando, un buen lugar para hacer una pausa y tomar un café, o realizar una parada en el Restaurante Los Valles, en Quintanilla de Urz, antes de afrontar el último tramo del recorrido hacia Puebla de Sanabria.

En mi caso hice la recarga en la estación de Villalpando, en el área de servicio «El Raso», donde tienes un restaurante con bastante oferta y un área de descanso arbolada y columpios, ideal sobre todo si viajas con niños o con mascotas. Para mí fue suficiente un pincho de tortilla y una coca cola para continuar la ruta.

Estación de carga de Zunder en Villalpando

 

Puebla de Sanabria

Castillo en Puebla de Sanabria_Ruta en coche eléctrico a Fisterra

Dominada por el imponente Castillo de los Condes de Benavente, esta villa medieval conserva un casco histórico perfectamente cuidado, con calles empedradas, casas tradicionales de piedra y madera y un ambiente que invita a pasear sin prisas.

Aproveché también para visitar el Museo de Gigantes y Cabezudos, un pequeño museo muy curioso que permite conocer una de las tradiciones festivas más arraigadas de la localidad. Es una visita diferente y muy recomendable si coincides con el museo abierto.

Museo de Gigantes y cabezudos en Puebla de Sanabria

El Lago de Sanabria

Al atardecer me acerqué al Lago de Sanabria, un lugar que siempre había querido conocer. La imagen de sus aguas tranquilas rodeadas de montañas, las pequeñas playas repartidas por la orilla y el ambiente relajado de las terrazas y restaurantes junto al lago me hicieron detenerme más tiempo del previsto para disfrutar de uno de los rincones más bonitos de la provincia.

Lago de Sanabria_Ruta en coche eléctrico

Icono_Hoteles con punto de recarga

Hotel con punto de recarga Zunder cerca de Puebla de Sanabria

Uno de los alojamientos que más me gustó durante esta ruta fue el Hotel Meleiros, en Castro de Sanabria. Su ubicación, el entorno tranquilo y la posibilidad de cargar el coche durante la noche lo convierten en una parada muy práctica para quienes viajan en vehículo eléctrico camino de Galicia.

👉 Ver disponibilidad del Hotel Meleiros

 
Mi consejo

Si dispones de algo más de tiempo, merece la pena acercarse al Centro del Lobo Ibérico Félix Rodríguez de la Fuente o a la Casa del Parque Monte Gándara, donde podrás conocer mejor el entorno natural del Lago de Sanabria y de las Sierras Segunderas antes de continuar el viaje hacia Galicia. Son dos visitas muy interesantes para quienes disfrutan de la naturaleza y ayudan a comprender la riqueza ambiental de esta comarca.

 

Día 2. De la Galicia interior al Atlántico: castillos, termas y sabor a mar

Después de pasar la primera noche en Sanabria, llegó el momento de cruzar definitivamente la frontera con Galicia.

La jornada comenzaba entre fortalezas medievales y terminaba junto al Atlántico, recorriendo algunos de los paisajes más representativos del interior gallego antes de alcanzar las Rías Baixas.

Verín, una fortaleza con vistas privilegiadas

Fortaleza de Verín

La primera parada del día fue Verín, una localidad marcada por su historia fronteriza con Portugal y por uno de los castillos mejor situados del sur de Galicia.

Desde el Castillo de Monterrei, declarado Bien de Interés Cultural, se obtienen unas magníficas vistas sobre el valle y los viñedos que rodean la comarca. El conjunto monumental, presidido por su imponente torre del homenaje y el histórico Parador de Turismo, invita a recorrerlo con calma antes de continuar la ruta.

Actualmente solo es posible visitarlo en visitas teatralizadas

Xinzo de Limia, la capital del Entroido

Museo Galego do Entroido_Xinzo de Limia

La siguiente parada fue Xinzo de Limia, una localidad conocida en toda Galicia por celebrar uno de los carnavales más antiguos y populares de España.

Allí visité el Museo Galego do Entroido, un espacio que permite conocer la historia, los personajes tradicionales y las máscaras que convierten esta fiesta en una de las manifestaciones culturales más importantes de Galicia.

Aunque fuera de la época del carnaval el ambiente es mucho más tranquilo, la visita ayuda a comprender la enorme importancia que tiene esta celebración para los habitantes de la comarca.

Una pausa entre aguas termales y viñedos

Desde Xinzo de Limia la ruta ofrece varias alternativas muy interesantes antes de dirigirse hacia la costa.

Si dispones de tiempo, puedes acercarte a las Termas de Ourense o relajarte en las Termas de Prexigueiro, muy cerca de Ribadavia, considerada la cuna del vino Ribeiro. También merece la pena desviarse hasta los hórreos de Vilar de Condes, uno de los conjuntos etnográficos más representativos de esta zona de Galicia.

Finalmente decidí desviarme hasta las Termas de Chavasqueira, consideradas por muchos una de las experiencias termales más auténticas de Ourense.

Termas de Chavasqueira, Orense

Termas de Chavasqueira, Orense

Situadas a orillas del río Miño, estas pozas de aguas mineromedicinales aprovechan un recurso natural que ha dado fama a la ciudad desde la época romana. De hecho, los romanos ya utilizaban las aguas termales de esta zona hace más de dos mil años, atraídos por sus propiedades terapéuticas.

En Chavasqueira encontré varias pozas al aire libre y gratuitas con temperaturas que rondan los 38 y 40 grados, además de otra más templada, ideal para refrescarse entre baño y baño. La sensación de sumergirse en agua caliente mientras se contempla el río resulta especialmente agradable, aunque conviene recordar que no se recomienda permanecer más de 20 minutos seguidos en las pozas más calientes. El recinto dispone además de vestuarios, servicios y un pequeño restaurante, lo que convierte la visita en una parada perfecta para relajarse antes de continuar la ruta hacia la costa gallega.

Tras la visita a las Termas de Chavasqueira continué rumbo a Santiago de Compostela.

La lluvia me acompañó durante buena parte del trayecto y, al llegar a la ciudad, decidí aprovechar para almorzar y recargar el coche en el Hotel Puerta del Camino, que cuenta con puntos de recarga y un agradable gastrobar con una carta variada y precios bastante razonables.

 

Icono_Hoteles con punto de recarga

Mi recomendación para dormir en Santiago de Compostela

Aunque en mi caso solo paré para almorzar y recargar el coche, el Hotel Puerta del Camino me pareció una opción muy interesante para alojarse en Santiago de Compostela. Cuenta con puntos de recarga Zunder, restaurante y todos los servicios necesarios para hacer una parada cómoda durante una ruta por Galicia en coche eléctrico.

👉 Ver disponibilidad del Hotel Puerta del Camino

Santiago de Compostela

Santiago de Compostela desde el mirador del Parque de la alameda

Aunque inicialmente había pensado recorrer el casco histórico, la tarde invitaba a otro tipo de visita. Así que me acerqué al Parque de la Alameda, uno de los lugares más queridos por los compostelanos. Desde el Paseo da Ferradura contemplé una de las estampas más icónicas de Santiago: la silueta de la Catedral elevándose sobre los tejados de la ciudad mientras las nubes amenazaban lluvia.

Mientras contemplaba la ciudad desde la Alameda no pude evitar pensar en los miles de peregrinos que llegan cada año a Santiago después de recorrer cientos de kilómetros a pie. Muchos alcanzan por primera vez estas vistas tras días, e incluso semanas, de esfuerzo, llevando a sus espaldas una mochila cargada de experiencias, encuentros y emociones. Aunque la imagen más esperada suele ser la de la Plaza del Obradoiro, observar la silueta de la Catedral elevándose sobre los tejados ayuda a comprender por qué la llegada a Santiago se convierte en un momento tan especial para quienes completan el Camino. La Catedral ha sido durante siglos un auténtico faro espiritual para generaciones de peregrinos llegados de toda Europa.

Y es que no todos los peregrinos emprenden esta aventura por motivos religiosos. Hoy el Camino atrae también a personas que buscan un reto personal, un tiempo de reflexión, el contacto con la naturaleza, el patrimonio histórico o simplemente la oportunidad de desconectar de la rutina. Sea cual sea la motivación, llegar a Santiago sigue siendo una experiencia capaz de emocionar a quienes han recorrido ese largo camino hasta Galicia.

Antes de continuar la ruta, también me detuve junto al famoso Banco dos Namorados, uno de esos rincones con encanto que convierten un simple paseo en un bonito recuerdo de viaje.

Una noche entre marisco y gaitas en Vigo

Al finalizar la jornada continué hasta Vigo, donde me alojé en el Hotel O Pazo, un pequeño y encantador hotel situado en un antiguo pazo gallego. Aunque se encuentra muy cerca del centro de la ciudad, su ubicación permite disfrutar de un ambiente tranquilo, perfecto para descansar después de un día de ruta.

Tras instalarme, me acerqué hasta el puerto pesquero de Vigo, donde aquellos días se celebraba la Feria del Marisco. El ambiente era animado y festivo, con largas mesas compartidas, música y el inconfundible aroma de la gastronomía gallega. Aproveché la ocasión para probar unas deliciosas nécoras y un buen pulpo á feira acompañados de una copa de vino Ribeiro. Todo estaba exquisito.

Pulpo y marisco en la feria del marisco de Vigo

A eso de las nueve y media, cuando la feria comenzaba a animarse todavía más, un grupo de gaiteros subió al escenario para interpretar algunas piezas tradicionales gallegas. El sonido de las gaitas terminó de crear una atmósfera muy especial y durante un momento estuve tentada de quedarme hasta el final. Sin embargo, a la mañana siguiente me esperaba una nueva etapa del viaje y todavía quedaban muchas historias por descubrir camino de la Costa da Morte.

Gaitas en la Feria del marisco de Vigo

icono restaurante

Dónde comer en Vigo

Si visitas Vigo fuera de la época de la Feria del Marisco, una excelente opción para descubrir la gastronomía local es Taberna Eligio, considerado uno de los restaurantes más emblemáticos de la ciudad y el más antiguo de Vigo. Otra alternativa muy recomendable es Taberna A Mina, donde también se puede disfrutar de la cocina tradicional gallega en un ambiente auténtico y acogedor.

 

reservar hotel

Mi alojamiento en Vigo

Durante esta ruta me alojé en el Hotel O Pazo, un pequeño hotel con mucho encanto situado en un entorno tranquilo a las afueras de Vigo. Me pareció una opción perfecta para descansar después de una jornada de viaje y continuar la ruta al día siguiente con total comodidad.

👉 Ver disponibilidad y precios del Hotel O Pazo

Día 3. De las Rías Baixas al fin del mundo: mariscadoras, pueblos marineros y un atardecer inolvidable

Combarro, entre hórreos y bateas

Combarro_Rias baixas

La tercera jornada comenzó muy temprano en Combarro, uno de los pueblos más fotografiados de las Rías Baixas y un lugar al que he tenido la suerte de regresar en varias ocasiones a lo largo de los años.

Recorrí de nuevo sus estrechas calles empedradas, sus plazas y el famoso conjunto de hórreos que se asoman al mar, una imagen que se ha convertido en uno de los símbolos de Galicia. Sin embargo, más allá de su indudable belleza, no pude evitar recordar cómo era Combarro cuando lo visité por primera vez, mucho antes de la construcción del puerto deportivo. Entiendo perfectamente que este tipo de infraestructuras han supuesto un importante impulso económico para la localidad, pero también tengo la sensación de que el pueblo ha perdido parte de aquel encanto de la Galicia más auténtica y menos conocida que tanto me cautivó entonces.

Durante la mañana tuve además la oportunidad de embarcarme en una excursión por la ría para conocer de cerca el funcionamiento de las bateas, esas plataformas flotantes donde se cultivan mejillones, ostras y vieiras. Escuchar las explicaciones sobre este sistema tradicional de cultivo mientras navegábamos entre las bateas me permitió comprender mejor la enorme importancia que tiene el mar para la economía y la cultura gallegas. La experiencia terminó de la mejor manera posible: degustando unos mejillones recién cocidos mientras contemplaba el paisaje de la ría desde el propio barco.

Bateas de cultivo de mejillone_ostras y vieiras

icono barco

Navega entre bateas y degusta mejillones recién cocidos

Una de las experiencias más interesantes que puedes hacer en las Rías Baixas es embarcarte en una excursión para conocer de cerca las bateas, las plataformas flotantes donde se cultivan mejillones, ostras y vieiras. Durante el recorrido aprenderás cómo funciona este tradicional sistema de cultivo, descubrirás la importancia del marisqueo para la economía gallega y navegarás entre algunos de los paisajes más característicos de la ría.

Y, como broche final, nada mejor que degustar unos mejillones recién cocidos acompañados de vino o refrescos mientras disfrutas de las vistas desde el barco.

👉 Reserva aquí la excursión a las bateas con degustación de mejillones

Conversando con las mariscadoras de Carril

Desde Combarro continué hasta Carril, una localidad estrechamente ligada al marisqueo y conocida por la calidad de sus famosas almejas.

Aunque en esta ocasión no pude participar en el taller de marisqueo que tenía previsto, sí tuve la oportunidad de compartir un café y una agradable conversación con varias mariscadoras. Escuchándolas comprendí mejor la realidad de un oficio tan duro como esencial para la economía y la identidad de las Rías Baixas.

Me hablaron de las mareas, de las largas jornadas de trabajo, de las inclemencias del tiempo y de la enorme experiencia que se necesita para conocer los bancos marisqueros y trabajar de forma sostenible. También de los retos a los que se enfrentan actualmente para mantener una actividad que forma parte del patrimonio cultural y gastronómico de Galicia.

Aunque me quedé con ganas de acompañarlas sobre el terreno, aquella conversación me ayudó a comprender mejor la realidad de su trabajo y los desafíos a los que se enfrentan cada día. Una experiencia que me permitió conocer un poco más de cerca la vida de quienes mantienen viva una de las tradiciones más representativas de las Rías Baixas.

Las Torres de Oeste, la gran fortaleza de la ría de Arousa

Torres de Oeste en Catoira

Tras la experiencia con las mariscadoras continué la ruta hacia Catoira, donde hice una parada para visitar las Torres de Oeste, uno de los conjuntos defensivos más importantes de Galicia.

Situadas a orillas de la ría de Arousa, las Torres de Oeste fueron levantadas para proteger el acceso por mar a Santiago de Compostela frente a las incursiones normandas y sarracenas durante la Edad Media. Hoy sus restos conservan intacta esa posición estratégica y permiten comprender la importancia que tuvo este enclave en la defensa del territorio gallego. El entorno, rodeado de marismas y vegetación, ofrece además una magnífica perspectiva de la ría y ayuda a imaginar cómo debieron de ser aquellas antiguas batallas navales.

Cada primer domingo de agosto, este escenario cobra una vida muy especial con la celebración de la Romería Vikinga de Catoira, declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional. Aunque mi visita no coincidió con esa fecha, resulta fácil imaginar el ambiente que se vive cuando los drakkars vuelven a navegar simbólicamente por estas aguas.

Romeria vikinga de Catoira

 

Puntos de recarga

Antes de llegar a Fisterra hice una breve parada en el Restaurante Pardal, en Muiños, para tomar un refresco y descansar unos minutos. El establecimiento dispone de un punto de recarga de Zunder, aunque en esta ocasión no necesité utilizarlo porque todavía contaba con autonomía suficiente para completar la etapa.

 

Dormir en el fin del mundo

Al caer la tarde llegué por fin a Cabo Fisterra.

Antes incluso de dirigirme al hotel, quise detenerme unos minutos para contemplar uno de los atardeceres más famosos de Europa.

Durante siglos se creyó que aquel era el lugar donde terminaba el mundo conocido. Mientras el sol desaparecía lentamente sobre el Atlántico comprendí por qué tantos peregrinos deciden prolongar el Camino de Santiago unos kilómetros más hasta llegar aquí. Hay algo difícil de explicar cuando se contempla el océano desde este extremo del continente.

Esa noche tuve además el privilegio de alojarme en el Hotel O Semáforo de Fisterra, un antiguo edificio de señales marítimas transformado en hotel y situado en un lugar absolutamente privilegiado, junto al faro.

Antes de retirarme a descansar cené en el restaurante del hotel, un acogedor espacio circular rodeado de ventanales con vistas al océano. Disfrutar de la gastronomía gallega mientras contemplaba el Atlántico fue la mejor forma posible de terminar la jornada.

Dormir allí fue, sin duda, una de las experiencias más especiales de toda la ruta. Mi habitación recordaba a un pequeño camarote, sencilla y de dimensiones reducidas, pero con un encanto difícil de igualar en otro alojamiento. A la mañana siguiente, sin necesidad siquiera de levantarme de la cama, pude contemplar cómo amanecía sobre el mar.

Además, el hotel dispone de punto de recarga de Zunder, una combinación perfecta para terminar la jornada sabiendo que, mientras yo descansaba frente al océano, el coche también se preparaba para continuar el viaje al día siguiente.

Ruta en coche eléctrico a Fisterra_Cargando en Finisterre

Icono_Hoteles con punto de recarga

Mi alojamiento en Fisterra

Dormir junto al faro fue una de las experiencias más especiales de toda la ruta. Si quieres vivirla tú también, puedes consultar aquí la disponibilidad del Hotel O Semáforo de Fisterra.

👉 Ver disponibilidad y precios en el Hotel O Semáforo de Fisterra

Desayunando en el Hotel O Semáforo en Finisterre

Día 4. La Costa da Morte más auténtica: entre leyendas, faros y quienes viven frente al océano

Si durante los primeros días del viaje había descubierto pueblos marineros y conocido de cerca el trabajo de las mariscadoras, esta jornada estaba dedicada a comprender por qué la Costa da Morte es mucho más que una sucesión de faros y acantilados.

Aquí el mar no solo dibuja el paisaje. También ha marcado la historia, las leyendas y la forma de vida de quienes habitan este extremo de Galicia.

Cabo Touriñán, donde el sol se despide de la península

Cabo Touriñán_Costa de la morte en coche eléctrico

La jornada comenzó en Cabo Touriñán, el punto más occidental de la España peninsular.

Muchos viajeros piensan que ese privilegio corresponde a Fisterra, pero es aquí donde el continente se adentra unos kilómetros más en el Atlántico. El paisaje resulta completamente diferente: acantilados azotados por el viento, un océano inmenso y una sensación de aislamiento que invita a detenerse unos minutos para contemplar el horizonte.

Es uno de esos lugares donde resulta fácil entender por qué el Atlántico ha condicionado durante siglos la vida de quienes habitan esta costa.

En los días de marea baja no es raro divisar desde los acantilados a algunos percebeiros trabajando sobre las rocas, buscando uno de los productos más apreciados de la gastronomía gallega. Su labor exige una combinación de experiencia, conocimiento del mar y una enorme resistencia física. Los percebeiros trabajan en zonas expuestas al fuerte oleaje, pendientes en todo momento del comportamiento de las olas, ya que un simple descuido puede tener consecuencias fatales. Contemplar este paisaje ayuda a comprender mejor el enorme esfuerzo y el riesgo que se esconden detrás de cada percebe que llega a la mesa.

Muxía y la leyenda de la Virgen de la Barca

Santuario de la Virgen de la barca en Muxía

Desde Cabo Touriñán continué hasta Muxía, uno de los lugares más simbólicos del Camino de Santiago.

Junto al mar se alza el Santuario de la Virgen de la Barca, estrechamente ligado a una de las leyendas más conocidas de Galicia. Según la tradición, la Virgen llegó hasta este lugar en una barca de piedra para animar al apóstol Santiago durante su labor evangelizadora.

Aún hoy, las grandes rocas que rodean el santuario siguen alimentando numerosas creencias populares. Algunas personas continúan pasando bajo la Pedra dos Cadrís, convencidas de que ayuda a aliviar los dolores de espalda, mientras otras observan con curiosidad la famosa Pedra de Abalar, una roca oscilante que durante siglos ha estado rodeada de historias y supersticiones.

Piedras con leyenda en Muxía

Tuve también ocasión de entrar en el santuario, un espacio sencillo y luminoso que invita al recogimiento. En su interior se conservan numerosas referencias a la tradición marinera de la zona, con exvotos y recuerdos que reflejan la profunda relación de los habitantes de la Costa da Morte con el mar y su devoción a la Virgen de la Barca.

Más allá de las leyendas, el conjunto formado por el santuario y el océano crea una de las estampas más sobrecogedoras de toda la Costa da Morte.

Camelle y la historia de Man

La casa y obra de Man el aleman

Si había un lugar que esperaba con especial emoción durante este viaje era Camelle.

Aquí vivió durante décadas Manfred Gnädinger, conocido por todos como Man, el alemán que decidió cambiar una vida acomodada por otra completamente entregada al mar. Durante años creó un singular museo al aire libre utilizando piedras, conchas y materiales que encontraba en la costa, integrando su obra en el propio paisaje de la Costa da Morte.

Mi relación con este lugar, sin embargo, va mucho más allá de una simple visita. Tuve la suerte de conocer a Man en uno de mis primeros viajes por la Costa da Morte, cuando todavía vivía junto a su obra y recibía con curiosidad a quienes se acercaban hasta aquel rincón de Camelle. Aquel encuentro me impresionó profundamente y, con el paso de los años, su historia se convirtió en uno de los recuerdos viajeros que guardo con más cariño.

Si quieres conocer mejor quién fue realmente este personaje irrepetible, te recomiendo leer el artículo que escribí tras aquel encuentro. En él cuento cómo fue conocer a Man, descubrir su particular forma de vida y comprender por qué su legado sigue siendo uno de los símbolos más conmovedores de la Costa da Morte. Puedes leerlo aquí:El alemán de la Costa da Morte que murió de pena por culpa del chapapote

Por eso, cuando comencé a preparar esta ruta, su figura volvió una y otra vez a mi memoria. Quería regresar a Camelle para comprobar cómo había resistido el paso del tiempo aquel universo de piedra que él construyó frente al Atlántico y visitar de nuevo el museo que hoy conserva parte de su legado.

Había pensado muchas veces en este momento desde que empecé a preparar la ruta. Por fin llegaba el instante de reencontrarme con un lugar que, de alguna manera, había inspirado buena parte de este viaje.

Ya he visitado en dos ocasiones anteriores Camelle y en las dos ocasiones ha coincidido que el museo estaba cerrado, sé que se conservan muchas de aquellas libretas, y me encantaría ver si están nuestros dibujos entre algunas de ellas. Tengo excusa para volver, aunque volver a la Costa de la muerte no necesita excusa.

Museo de Man el aleman en Camelle

El regreso a Madrid

Después de varios días recorriendo Galicia llegó el momento de emprender el camino de regreso a Madrid. Para evitar una jornada demasiado larga decidí hacer noche en Lugo, una última parada que me permitió descansar antes de afrontar el viaje de vuelta.

 

Puntos de recarga

Antes de llegar, aproveché para realizar una recarga en la estación de Zunder de Área 507, en Outeiro de Rei, dejando el coche listo para continuar la ruta al día siguiente.

La mañana siguiente puse rumbo a Madrid realizando una nueva parada en Hacienda La Bañeza, donde aproveché para recargar mientras almorzaba tranquilamente. 

Estación de carga de Zunder en Hacienda La Bañeza

Más adelante hice una última parada de unos minutos en la estación de Zunder de Collado Villalba, situada junto a un supermercado BM, una ubicación especialmente práctica para comprar algo, utilizar los servicios o simplemente hacer un breve descanso antes de afrontar los últimos kilómetros.

Una de las cosas que más he valorado durante este viaje ha sido precisamente la tranquilidad de no tener que conducir pendiente de la batería. La amplia red de recarga de Zunder me permitió planificar las etapas con total flexibilidad y llegar a Madrid sin la sensación de ir ajustando cada kilómetro a la autonomía disponible.

 

Al finalizar la ruta entendí que el verdadero atractivo de este viaje no había sido únicamente alcanzar Fisterra. Lo más valioso habían sido todas esas historias, paisajes y personas que encontré por el camino. Porque a veces el fin del mundo no es el lugar donde termina una carretera, sino el punto desde el que comienzan los mejores recuerdos.

Logo Peugeot transparenteUna ruta realizada junto a Peugeot y Zunder

Esta aventura forma parte de la colección «0 emisiones, mil emociones», un proyecto con el que recorro España y Portugal en coche eléctrico para descubrir destinos comprometidos con un turismo más sostenible.

Para esta ruta viajé a bordo de un Peugeot E-308 100 % eléctrico, utilizando exclusivamente la red de recarga de Zunder.

Si quieres conocer la versión de esta ruta publicada en el blog de Zunder, centrada en la planificación del recorrido y en la experiencia de viajar en coche eléctrico, puedes leerla aquí:

👉 Leer el artículo completo en el blog de Zunder.

Si estás pensando en realizar esta ruta, aquí puedes consultar el mapa de estaciones de recarga de Zunder para planificar tu viaje.

Agradecimientos

Gracias al concesionario oficial Peugeot c/ Doctor Esquerdo en Madrid, por la cesión del Peugeot E-308 con el que realicé esta ruta.