En la aldea de Camelle en la Costa da Morte, Galicia aún recuerdan a Manfred Gnädinger,o como lo llamaban los lugareños, “Man el alemán”.

“Man el alemán de Camelle” llegó a la localidad en los años 60; artista plástico de profesión y con un gran interés por la naturaleza encontró en este rincón de Galicia su hogar.

Cuentan que enloqueció por un amor no correspondido, pero la realidad es que su verdadero amor fue el bravío Atlántico y su abrupta costa.

En verano del 2002 en nuestra ruta en coche por la Costa da Morte el destino nos llevó a un lugar sorprendente.

En la punta do Boi, al norte de la localidad de Camelle, en plena orilla entre rocas, empezamos a divisar unas construcciones de rocas muy extrañas. Era imposible que esas construcciones fueran fruto de la acción de la naturaleza. Rocas esculpidas, piedras sobre piedras en  imposible equilibrio. Distintos colores y formas. Caracolas marinas, restos de redes y conchas integradas en el paisaje…

Seguimos acercándonos y la sensación era la de estar en un fantasmagórico rincón de la costa que debía ser obra de una fantasía desbordante y un esfuerzo descomunal. Aquella piedras que formaban torres fantásticas y cuevas de aspecto marino habrían requerido un gran esfuerzo y dedicación.

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Hoy, no se porqué, me acordé de Man el alemán de Camelle.

Sería al atardecer cuando llegamos a “su casa”, los tres íbamos entretenidos jugando en el laberinto que suponía su obra, cuando de una pequeña caseta edificada se recortó en el umbral una silueta que en un principio nos asustó.

Una silueta enjuta, un romántico náufrago apenas vestido con un escueto taparrabos. Tendría unos 60 años, pero la inocencia de un niño en sus ojos.

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Con un ademán nos indicó que nos acercáramos, volviendo sobre sus pasos entró en su caseta y salió al instante con tres pequeñas libretitas de anillas y tres lápices. Nos las entregó y con gestos nos indicó que pintáramos lo que veíamos.

Él necesitaba saber la opinión de los que visitaban su obra, qué nos hacia sentir. Posteriormente al investigar un poco sobre aquel extraño personaje en el pueblo, nos contaron que solía hacerlo con todo el que visitaba su casa.

Intentamos reflejar a nuestra manera aquel rincón tan hermoso fruto del amor al entorno y al mar de este hombre. Él nos indicó que pusiéramos nuestro nombre y las recogió formando parte de su colección personal de visitantes.

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La costa da Morte hizo honor a su nombre en Noviembre del 2002: El Prestige

El lugar en este rincón de la Costa da Morte y los ojos de Man el aleman de Camelle reflejaban felicidad; como la que nosotros sentíamos con nuestra hija con apenas un año, junto al mar de vacaciones.

Pero al año siguiente la llamada Costa da Muerte hizo honor a su nombre con el mayor desastre ecológico de la historia de la navegación. El buque Prestige después de un accidente y maniobras para alejarse de la costa, se hundió en noviembre de 2002 frente a Camelle, vertiendo 63.000 toneladas de fuel en el mar y causando daños que se  cuantificaron en 3.862 millones de euros, además del desastre ecológico incuantificable.

La ciudadanía se movilizó para frenar la marea negra y surgió la plataforma ‘Nunca Máis’ miles de voluntarios acudieron incluso de distintas partes del mundo,para ayudar a limpiar aquel desastre y para reclamar justicia y mayor protección medioambiental.

Pero aunque este desastre nos afectó a todos, para Man el alemán de Camelle, ver su obra, su hogar, su vida; invadida por el “chapapote” (Mineral negro de origen natural u obtenido artificialmente por destilación del petróleo) fue su final.

Con motivo del Prestige Man en su peculiar español, comentó:

«Yo decir que esto no debe limpiarse nunca…,Ser episodio de la Historia. Quedar así debe, para todos recordar quién es hombre, porque hombre no querer a hombre, ni a mar, ni peces ni playa»

Manfred Gnädinger

Fue tal su desesperación que se encerró, dejó de cuidarse y en el plazo escaso de un mes murió.

En las últimas imágenes que se tiene de él, a mí personalmente, me recuerdan mucho al cuadro de “El Grito” de Edvard Munch. Desesperación ante la incomprensión de lo sucedido, y la impotencia por lo perdido: toda una vida.

¿Murió de pena? ¿Era un loco? ¿Un visionario? No lo sé pero lo que sé seguro es que en su locura estaba la razón.

Sus cenizas reposan actualmente en su hogar, sus construcciones de piedra-mar que el ayuntamiento de Camelle y sus vecinos luchan por conservar. Reposa donde dejó escrito en su testamento, firmado en 1972 ante el notario de Vimianzo: ser enterrado en su propio museo o sepultado en el mar.

Conocer a este personaje es uno de los recuerdos viajeros que guardo con mayor cariño, podéis oír sus palabras en un documento inédito, una entrevista que concedió a un medio gallego.

Aclaración: Las fotos de Man, no son mías, son del diario La voz de Galicia. Estoy intentando recuperar un video que grabé pero que conservo en formato minidvd., ojalá pueda pasarlo a formato digital. Os dejo algunas fotos de ese viaje en formato papel, era el 2001, ni móviles llevabamos 🙂

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Cápsula Responsable

Desastres ecológicos como el Prestige, movieron conciencias y movimientos ciudadanos como “Nunca mais”, haciendo partícipes a los ciudadanos en el cuidado del medioambiente. ¡Nunca mais!
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