Mahón fue una de las sorpresas del viaje. Sabía que tenía un puerto con historia, pero no me esperaba una ciudad tan animada, con rincones con encanto, buen ambiente local, artesanía y detalles que muestran su apuesta por un turismo más sostenible. En este artículo te cuento qué ver en Mahón en un día, todo lo que descubrí en un día muy completo… ¡y todo lo que me quedó por ver con más tiempo! Si duda, un lugar para volver.
Qué ver en Mahón en un día, la capital de Menorca
Llegué a Mahón por el puerto, y aparqué en el Moll de Llevant, el muelle situado en el paseo marítimo.
Mahón, capital de Menorca, es una ciudad con alma portuaria y una historia marcada por las culturas que han pasado por sus aguas. Su impresionante puerto natural —uno de los más grandes del Mediterráneo— ha sido codiciado por fenicios, romanos, británicos y franceses, dejando huella en su arquitectura, sus tradiciones y hasta en su gastronomía. Pasear por sus calles es asomarse a siglos de historia mezclados con el ritmo pausado de la vida en la isla.

Allí dejé cargando mi coche eléctrico en una estación de puntos de recarga alimentada por placas solares. Este detalle, que podría pasar desapercibido, representa un paso importante hacia un modelo de movilidad más sostenible. Poder recorrer Menorca en coche eléctrico, utilizando energía limpia y renovable, es una forma de viajar que respeta el entorno y que encaja con el compromiso de la isla como Reserva de la Biosfera.

En el Moll de Llevant descubrí algunos de los oficios tradicionales que aún resisten al paso del tiempo en Mahón.
Uno de los momentos más especiales fue conocer a Paco Camps Petrus, un entrañable artesano de más de 90 años, maestro en la construcción de maquetas de barcos y patrón de llaüt. Su pequeño taller, lleno de herramientas, virutas de madera y detalles minuciosos, es un homenaje vivo a la tradición marinera de Menorca. Como a mí también me gusta hacer trabajos artesanales, me encantó poder charlar con él unos minutos y compartir esa pasión por lo hecho con calma, cariño y precisión.

Muy cerca, visité la Cofradía de Pescadores, un rincón donde todavía se respira el ambiente marinero de toda la vida: redes extendidas al sol, utensilios de faena y ese aire salado que lo impregna todo. Frente a la lonja, había un puesto grande de pescado, con género fresco recién traído del mar y atendido por quienes mejor conocen lo que da la costa menorquina.
La Destilería Xoriguer

Paseando un poco más por la misma zona, hice una parada en la Destilería Xoriguer, alma del gin menorquín desde el siglo XVIII. La antigua fábrica conserva toda su esencia, con alambiques de cobre, aromas intensos y una historia que sigue muy viva. Se pueden probar distintas variedades de este licor tan ligado a la isla, en un entorno auténtico y respetuoso con la tradición.
Y justo en ese mismo recorrido matutino, me encontré con un pequeño taller de abarcas menorquinas, donde todavía se fabrican a mano. Ver el proceso artesanal de cerca, elegir mi modelo y llevarme unas de recuerdo fue todo un acierto: ahora forman parte de mi equipaje habitual y de mis pasos viajeros.

Desde el mismo paseo marítimo, a pocos pasos del Moll de Llevant, tomé el ascensor que conecta directamente con el casco histórico de Mahón. Es una forma cómoda (y gratuita) de salvar el desnivel entre el puerto y la parte alta de la ciudad, perfecta para empezar la visita sin cansancio extra. Nada más subir, me dirigí directamente a los mercados, mi forma favorita de conocer el alma de un lugar.
Los mercados de Mahón: sabor, historia y vida local
Comencé el día bien temprano, con la luz suave de la mañana, explorando su casco antiguo y los mercados. Quería tomarle el pulso a la ciudad, ver cómo despertaba, oler el pan recién hecho y perderme entre los puestos de fruta, pescado y productos locales. Mahón me recibió con ese ambiente auténtico que solo tienen los lugares que no necesitan aparentar nada.
El Mercat des Claustre
Primero pasé por el Mercat del Claustre, ubicado en el antiguo claustro del convento del Carmen, un lugar con mucho encanto donde conviven puestos tradicionales y otros más gourmet.
Ubicado en un antiguo claustro franciscano, es un rincón lleno de autenticidad. Quesos de la isla, embutidos, frutas de temporada y productos gourmet conviven con bares de tapas y cafeterías bajo arcos de piedra.
Aquí me senté a tomarme un café mientras observaba el ir y venir de la gente. Sin duda los mercados son el mejor lugar para conectar con la vida local.
El Mercat des Peix

Después seguí hacia el Mercat des Peix, más pequeño pero con mucho ambiente, especialmente a esa hora de la mañana en la que los vecinos compran pescado fresco y los bares empiezan a preparar las primeras tapas del día. Ambos espacios son ideales para descubrir productos locales y sentir el día a día auténtico de Mahón.
Más moderno y dinámico, este mercado mezcla pescaderías tradicionales con un espacio gourmet.
Plaza del Ayuntamiento e Iglesia de Santa María: el corazón de Maó

Me adentré en el centro histórico, concretamente en la Plaça de la Constitució, donde se alzan dos de los edificios más representativos de Mahón: El Ayuntamiento, con su elegante fachada señorial y la Iglesia de Santa María, sobria por fuera pero con una joya inesperada en su interior: un impresionante órgano del siglo XIX, que aún suena en conciertos abiertos al público. Una experiencia sensorial única.
Desde esta plaza parten callejuelas llenas de encanto, ideales para pasear sin rumbo entre librerías, tiendas locales, terrazas acogedoras y edificios con aire británico, herencia de su pasado colonial.
Al medio día volví al Mercat des Peix porque fue mi parada para comer: me senté en una barra y probé productos locales recién elaborados. Informal, sabroso y perfecto para recargar energías a mitad del día.
Ruta en barco por el puerto: historia y defensa desde el mar

Como tenía poco tiempo para recorrer todo lo que ofrece la zona portuaria, decidí hacerlo de la forma más práctica y bonita posible: con un paseo en barco. Es una opción muy recomendable si visitas Mahón, porque desde el mar se comprende mucho mejor la historia defensiva del puerto, su geografía y la importancia estratégica que ha tenido a lo largo de los siglos. No en vano, está considerado uno de los puertos naturales más grandes del Mediterráneo, y también uno de los más codiciados a lo largo de la historia.
En esta ruta en barco por el puerto de Mahón, además de conocer desde el mar la ciudad y todas las construcciones defensivas podrás admirar el fondo marino a bordo de un barco con fondo de visión submarina. Reserva este paseo en barco con visión submarina por el puerto de Mahón, y te llevarás una idea más completa de uno de los puertos naturales más grandes del Mediterráneo.
Durante el recorrido pude ver varios lugares clave que forman parte del patrimonio marítimo y militar de la isla:
La Isla del Rey

Ubicada en el centro del puerto, esta isla debe su nombre a la llegada del rey Alfonso III en 1287. Pero su verdadero protagonista es el hospital naval británico del siglo XVIII, construido cuando Menorca estaba bajo dominio inglés. Hoy, este espacio ha sido cuidadosamente restaurado gracias al trabajo de cientos de voluntarios locales, y alberga exposiciones, visitas guiadas y hasta una galería de arte vinculada a la Fundació Hauser & Wirth. Es un ejemplo precioso de cómo el pasado y la cultura pueden convivir en armonía.
La Fortaleza de La Mola

También conocida como la Fortaleza de Isabel II, esta construcción monumental fue levantada en el siglo XIX para proteger la entrada al puerto de posibles ataques enemigos. Vista desde el mar, impresiona por su tamaño, su ubicación estratégica y por cómo se mimetiza con el paisaje rocoso de la península. Es una de las fortalezas mejor conservadas del Mediterráneo y, si tienes tiempo, merece una visita en tierra firme.
El Portal de Sant Roc
Aunque está más integrado en el núcleo urbano, desde el barco también se distingue el Portal de Sant Roc, uno de los antiguos accesos amurallados a la ciudad. Es uno de los pocos restos visibles de la antigua muralla medieval de Mahón y un recordatorio de la importancia que tuvo la ciudad como plaza fuerte a lo largo de los siglos.
La Fortaleza del Llatzaret

Situada en la Illa del Lazareto, esta fortificación fue construida en el siglo XVIII como centro de cuarentena para controlar enfermedades contagiosas que llegaban en los barcos. Su función era preventiva, y la forma en que está distribuida (patios, pabellones, muros altos) refleja muy bien cómo se gestionaban las epidemias en aquella época. Es un lugar con mucha historia y cierto aire misterioso, que añade una dimensión más humana al pasado del puerto.
En definitiva, fue un paseo cultural, panorámico y muy relajante. Una forma distinta y enriquecedora de conocer Mahón, desde el mar hacia la tierra, conectando el presente con siglos de historia naval, defensiva y sanitaria.
Así terminé mi día en Mahón en esta ruta en coche eléctrico por la isla de Menorca, una ciudad que me sorprendió mucho más de lo que imaginaba. Me quedé con ganas de seguir explorando, pero también con la sensación de haber vivido algo especial. Historia, sabor local, vistas increíbles… y ese ambiente que engancha. Seguro que volveré con más calma.

Este artículo forma parte de la Ruta en coche eléctrico por la Isla de Menorca, un proyecto realizado para la Fundación Fomento del Turismo de Menorca

Gracias a Peugeot y al Concesionario oficial de Peugeot en Menorca, ICEASA por la cesión del vehículo. En esta ocasión un Peugeot e-208 100 % eléctrico con unos 350 kilómetros de autonomía reales.